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JAMES P. CANNON
(1942)

Historia del Trotskismo norteamericano

Conferencia II:
Las luchas fraccionales en el viejo Partido Comunista

 

 

 

La semana pasada hice un esbozo sobre las primeras épocas del comunismo norteamericano. A pesar de que omití muchas cosas, tocando solo algunos puntos importantes, no podemos pasar por alto el año 1922, el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista, la legalización del movimiento comunista clandestino y el comienzo del trabajo abierto. Hablé sobre los aspectos negativos en los primeros tiempos del movimiento y de las enfermedades infantiles que padecía, como ocurre casi siempre con los movimientos jóvenes, particularmente la virulenta e infantil enfermedad del ultraizquierdismo. Pero estos aspectos negativos, el irrealismo de la mayor parte del trabajo, fueron ampliamente opacados por el lado positivo - la creación por primera vez en EE.UU. de un partido político revolucionario basado en las doctrinas bolcheviques. Esa fue la gran contribución del comunismo pionero. Un grupo de gente organizó un nuevo partido político. Asimilaron algunas de las enseñanzas básicas del comunismo. Se habituaron a proceder en forma disciplinada, lo que es un prerrequisito para la construcción de un partido político de trabajadores serio. Esto no había ocurrido antes en los EE.UU. Crearon el instrumento de una dirección profesional, como uno de los más elementales requerimientos de un partido revolucionario serio. El incipiente movimiento comunista demostró de una manera poderosa, la predominante influencia de las ideas sobre cualquier otra cosa. Esto fue demostrado notablemente en la lucha por la supremacía entre los IWW (Industrial Workers of the World) y el joven Partido Comunista. En los días de pre-guerra, la IWW era un movimiento obrero militante bastante grande. Entró en la guerra incuestionablemente como la organización que agrupaba a la mayoría del proletariado militante. No obstante, el núcleo del Partido Comunista provenía del Partido Socialista. Un gran número de ellos eran de origen pequeño-burgués, un alto porcentaje eran jóvenes sin experiencia en la lucha de clases. Miles de ellos eran hijos de obreros inmigrantes que nunca habían sido realmente asimilados en la lucha de clases de Norteamérica. En lo que a material humano concierne, las ventajas estaban todas del lado de la IWW. Sus militantes habían sido probados en muchas luchas. Tenían cientos y cientos de miembros en prisión y solían mirar con cierto menosprecio a este incipiente movimiento que hablaba tan confiadamente en términos revolucionarios. La IWW imaginaba que sus acciones y sus sacrificios pesaban mucho más que las meras pretensiones doctrinarias de este nuevo movimiento revolucionario y que nada tenían que temer de éste en términos de rivalidad. Estaban muy equivocados.

En unos pocos años hacia 1922 se demostró muy claramente que el Partido Comunista había desplazado a la IWW como organización líder de la vanguardia. La IWW con su magnífica composición de militantes proletarios, con todas sus heroicas luchas detrás, no pudo correr parejo. No habían ajustado su ideología a las lecciones de la guerra y de la Revolución Rusa. No habían adquirido el suficiente respeto por la doctrina, por la teoría. Esta es la razón por la que su organización degeneró, mientras que esta nueva organización con su pobre material, su inexperta juventud, que ha valorizado el mantener las ideas vivas del bolchevismo, sobrepasó completamente a la IWW y la dejó atrás en poco tiempo. La gran lección de esta experiencia es la insensatez de tomar superficialmente el poder de las ideas o imaginar que se puede encontrar algún sustituto de las ideas correctas en la construcción de un movimiento revolucionario.

Después de dar por terminada la pelea con los ultraizquierdistas sobre la legalización, el partido salió abiertamente. Había adquirido ya como dije, completa hegemonía sobre la vanguardia proletaria del país. Era considerado en todos lados y propiamente, como el grupo más avanzado y revolucionario del país. EI partido comenzó a atraer a sus filas a algunos sindicalistas nativos. William Z. Foster, desgastando después la gloria de su trabajo en la huelga del acero, y otros sindicalistas, un grupo considerablemente grande, ingresaron en el un poco exótico, pero dinámico Partido Comunista. Toda la orientación del partido comenzó a cambiar. De la querella subterránea, las disputas fuera de la realidad y los ajustes en la doctrina el partido se volcó al trabajo sobre las masas. Los comunistas comenzaron a ocuparse de los problemas prácticos de la lucha de clases. El partido comenzó gradualmente a volverse "sindicalizado" y dio sus primeros pasos vacilantes en la Federación Americana del Trabajo (AFL), la dominante, prácticamente la única organización de trabajadores en ese momento.

Mientras llevábamos adelante la batalla por la legalización del partido, peleábamos también por corregir su política sindical. Esta batalla fue exitosa también; la posición sectaria original fue rechazada. Los comunistas pioneros revisaron sus tempranos pronunciamientos sectarios, que habían favorecido al sindicalismo independiente. Ahora dirigían toda la fuerza dinámica del Partido Comunista, dentro de los sindicatos reaccionarios. El principal crédito para esta transformación provenía también de Moscú, de Lenín, de la Comintern. El gran escrito de Lenín, "La enfermedad infantil del comunismo", aclaró esta cuestión de manera decisiva. Por el año 1922-23, el partido estaba bien encaminado hacia la penetración sobre el movimiento sindicalista y rápidamente empezó a adquirir una seria influencia sobre algunos sindicatos en varias partes del país. Esto se dio particularmente en el sindicato del carbón y en más lugares el partido también hizo sentir su influencia.

Pero simultáneamente con este trabajo práctico y progresivo, el partido cayó en algunas aventuras oportunistas. Aparentemente ningún partido puede corregir totalmente una desviación, pero debe hacer un verdadero esfuerzo por corregirla. La vara está torcida hacia atrás. De este modo el joven, partido que poco antes se había dedicado al refinamiento de la doctrina en el aislamiento subterráneo, alejado, sin tener nada que ver con el movimiento sindical -sin causarle molestias al movimiento político, a la pequeño burguesía y a los farsantes, este mismo partido se sumergía ahora en una serie de aventuras alocadas en el campo de la política obrero y campesina. El intento de la dirección del partido, a través de una serie de maniobras y combinaciones, para formar un gran partido obrero-campesino de la noche a la mañana, sin el suficiente apoyo en el movimiento de masas trabajadoras, sin la suficiente fuerza de los propios comunistas, sumió al partido en el desorden. Una nueva lucha interna se precipitaba.

La serie de nuevas luchas fraccionales que empezaron en el año 1923, seis meses aproximadamente de la liquidación de la vieja discusión sobre la legalización continuaron tiempo después casi ininterrumpidamente hasta que los trotskistas fueron expulsados del partido en 1928. La lucha se encarnizó hasta la primavera de 1929 cuando la dirección Lovestone, que nos había expulsado, fue expulsada también. Luego, la stalinizada Comintern frenó las luchas fraccionales expulsando a todo aquel que tuviera una actitud independiente y eligiendo una nueva dirección que saltara cada vez que sonara la campana. Lograron así un pacífico monolitismo en el partido a través de medidas burocráticas. Lograron la paz del estancamiento ideológico y la decadencia.

Las Iuchas fraccionales que convulsionaron al partido en todo este tiempo, no impidieron a la organización hacer grandes trabajos en la lucha de clases, desarrollando sus actividades en muchos campos. Fundaron por primera vez en el país un periódico revolucionario. Esto fue un gran logro para un partido de no más de diez o quince mil miembros. El trabajo propagandístico fue desarrollado a gran escala. El trabajo de defensa obrera fue organizado con una extensión y fundamento nunca conocidos anteriormente. Muchas innovaciones de naturaleza progresiva fueron introducidas dentro del movimiento obrero por el Partido Comunista en ese período. Virtualmente, cada huelga que estallaba caía bajo la dirección del partido. Notablemente, la gran huelga de Passic en 1926, que atrajo la atención de todo el país, estuvo completamente bajo la dirección de los comunistas, que se volvieron cada vez más los líderes sin rival de toda tendencia progresiva y militante que surgiera en ei movimiento obrero norteamericano.

Un gran cantidad de comentaristas y observadores expertos, complementados por unos pocos renegados desilusionados, tratan de mostrar este histórico período, el de las primeras épocas del comunismo norteamericano, como nada más que una mezcla de estupideces, errores, fraudes y corrupción. Esta es una falsa y absurda apreciación de ese período. La explicación sobre las luchas fraccionales en la primera época del Partido Comunista reside en causas mas serias que en la mala voluntad de algún individuo. Creo que si uno estudia el desarrollo cuidadosamente, con algún conocimiento sobre los hechos, puede deducir ciertas leyes de la lucha fraccional que pueden ayudarlo a comprender el estallido del fraccionalismo en otras organizaciones políticas obreras, especialmente en las nuevas. Y por supuesto, vale la pena mencionar- aunque los sabiondos presumidos nunca lo hacen- que las luchas fraccionales no eran el monopolio del Partido Comunista. Desde los inicios de la política, cada organización ha sido presa de luchas fraccionales. Los problemas fraccionales de los primeros comunistas llamaban la atención, algunos aspectos negativos de ellos, las bribonadas practicadas, fueron escritas y contadas como si semejantes cosas no hubieran ocurrido nunca en ninguna otra parte. Perversiones de la historia son la especialidad de entrometidos como Eugene Lyons, Max Eastman y otros frívolos que nunca pusieron un pie en las luchas reales de la clase obrera. Recientemente se han unido con renegados como Benjamín Gillow, quién se desilusionó y frustró tanto que corrió a los brazos de la misma democracia norteamericana, contra la que empezó a pelear como un joven rebelde. Qué lastimosa escena realiza un hombre- abrazando las doctrinas de los maestros que quebraron su espíritu.

Ellos representan estas luchas fraccionales como algo monstruoso. Se entusiasman especialmente cuando encuentran algo no exactamente recomendable desde un punto de vista moralista. Ni siquiera se detienen a considerar, al menos mencionar, la ética y la moral de Tammany Hall o del Partido Republicano o de las totalmente deshonestas, corruptas e hipócritas luchas de camarillas fraccionales que vemos en el Partido Socialista. Sólo cuando encuentran algo "fuera de foco" en la temprana historia del Partido Comunista, alzan sus manos horrorizados.

No se dan cuenta que, inconscientemente, están haciendo homenaje al Partido Comunista por lo siguiente: uno tiene el derecho de esperar algo mejor del Partido Comunista, incluso de sus precoces días de juventud y raquitismo, que de las organizaciones políticas estables de la burguesía y pequeño-burguesía. En esto está mucho más que el núcleo de la verdad. Los medios deben servir a los fines. Todo lo que viole la verdad o la conducta honorable en el movimiento revolucionario proletario, está en contradicción con los grandes fines del comunismo, está fuera de lugar, sobresale como una pústula. Estas características en las organizaciones políticas burguesas y pequeño burguesas - todos ellos sistemáticamente mentirosos, ladrones y tramposos- son propias de estas organizaciones como parte de un todo.

Las luchas fraccionales que marcaron el curso entero del movimiento comunista durante sus primeros diez años tuvieron varias causas. No eran un bando de facinerosos que se juntaron y comenzaron a pelearse por los despojos; de ninguna manera. No había despojos. La gran mayoría de la gente llegó al comunismo pionero con propósitos y motivos sinceros de organizar un movimiento por la emancipación de los trabajadores de todo el mundo. Estaban preparados para realizar sacrificios y arriesgarse por sus ideales y lo hicieron. Esta es la verdad de aquellos que tomaron las banderas de la Revolución Rusa de 1917 y construyeron el gran movimiento, que en el momento de la Convención de Chicago de 1919, tenía entre cincuenta y sesenta mil miembros. Esto es especialmente verdad para aquellos que después que comenzaron las tremendas persecuciones permanecieron en el partido a pesar de los arrestos, las deportaciones, la dureza y las privaciones de la clandestinidad y las dificultades económicas. Todos esos llorones que permanecieron al margen porque eran incapaces de realizar tales sacrificios o arriesgarse de esa manera, tratan de demostrar a los comunistas pioneros como elementos moralmente corruptos. Ellos simplemente dieron vuelta el cuadro. Los mejores elementos fueron captados por el partido en sus inicios. Más adelante pasaron la prueba de las persecuciones y de la dureza de los tiempos de clandestinidad. No, las luchas fraccionales tuvieron detrás algo más que la mala intención de algunos individuos. Había, en mi opinión, algunos bribones, pero eso no prueba nada. Se pueden encontrar una o dos manzanas podridas en cualquier barril. Las causas de la larga lucha fraccional fueron más profundas.

En mi primer conferencia expliqué las tremendas contradicciones implícitas en la composición del partido. Por un lado se mantenían los miembros, predominantemente extranjeros, con su aproximación irreal sobre el problema de construir un movimiento en un país donde todavía no estaban asimilados; con su fanática concepción que tenían para controlar el movimiento, no por ganancia personal sino para preservar la doctrina que pensaban que sólo ellos comprendían. Por otro lado, había un grupo numéricamente más pequeño de norteamericanos que, si bien no entendían las doctrinas del comunismo tanto como los extranjeros -y eso también ocurría-, estaban convencidos de que el movimiento debía tener una orientación norteamericana y una dirección nativa de ese país. Esta gran contradicción aumentó la lucha fraccional. Después había otro factor: la falta de una dirección experimentada y con autoridad. El movimiento se desarrolló de la noche a la mañana, luego de la victoria de 1917 en Rusia. Todos los dirigentes del Partido Socialista rechazaban el bolchevismo y permanecían en los canales seguros del reformismo. Hillquit y Berger, todos los grandes nombres del partido, le dieron la espalda a la Revolución Rusa y a las aspiraciones de los jóvenes revolucionarios en el movimiento. Incluso Debs, quién expresó simpatía, permaneció en el partido de Hillquit y Herger a la hora de decidirse. El nuevo movimiento tenía que encontrar nuevos dirigentes; aquellos que llegaban a la primera fila eran mayormente hombres desconocidos, sin gran experiencia y sin gran autoridad personal. Se requirieron muchas y prolongadas luchas fraccionales para ver quiénes eran los líderes más calificados y quiénes las figuras accidentales. Las administraciones cambiaban rápidamente de una convención a otra. Temporariamente, gente de paso era arrojada a un lado, atropellada en esas feroces luchas fraccionales, donde el que no lograba mantenerse en pie era dormido de un golpe. Muchos que parecían tener habilidad para dirigir un año, y eran elegidos de acuerdo a esto, serían hechos a un lado el 2do. año reemplazados por hombres desconocidos hasta el momento. Todo esto fue un proceso de selección de líderes en medio de las luchas internas. ¿Había otra forma de hacerlo? No lo sé. Un cuerpo de líderes con autoridad, capaces de mantener una continuidad con el firme apoyo del partido. No se cómo o dónde esa clase de dirigentes puede ser consolidada si no es a través de luchas internas. Engels escribió una vez que los conflictos internos eran una ley propia del desarrollo de todo partido político. Ciertamente fue la ley del desarrollo del movimiento comunista norteamericano de los primeros tiempos. Y no sólo del joven partido comunista, sino también de los primeros días de su auténtico sucesor, el movimiento trotskista.

Una vez que un movimiento se ha desarrollado a través de la experiencia y de la lucha y conflictos internos, hasta el punto de consolidar un núcleo de dirigentes que gocen de amplia autoridad, capaces de trabajar juntos y más o menos homogéneos en sus concepciones políticas, las luchas fraccionales tienden a disminuir. Se vuelven mas raras y menos destructivas. Toman diferentes formas, con más contenido ideológico y son más instructivas para los militantes. La consolidación de una dirección como la antedicha, se convierte en un poderoso factor para mitigar y a veces prevenir las luchas fraccionales futuras. Nosotros en el incipiente movimiento comunista, consolidamos eventualmente una dirección estable, pero de estructura peculiar que de nuevo reflejaba la contradicción en la composición del partido. Luego dc cuatro o cinco años de dar vueltas, quedó bien en claro quienes eran los líderes del movimiento comunista norteamericano; y no era la gente que había dirigido en 1919/20. Muy pocos integrantes del viejo staff dirigente sobrevivieron en estas batallas internas. La dirección que finalmente se erigió en el joven movimiento Comunista -y este es un aspecto muy interesante de su historia- no se consolidó como un grupo homogéneo. Esto era así porque el partido mismo no era homogéneo. A pesar de ser una dirección unificada, con autoridad e influencia sobre todo el partido, los principales líderes eran, a su vez, líderes de fracciones, que reflejaban las contradicciones dentro del partido. La nueva lucha fraccional que comenzó en 1923, principalmente sobre la cuestión del aventurerismo en el movimiento obrero- campesino, y luego extendida a todos los problemas de nuestro trabajo práctico, nuestra aproximación a los trabajadores norteamericanos, métodos de trabajo sindical, eran un reflejo claro de las contradicciones en la composición social del partido y los distintos orígenes e historias de cada grupo.

La lucha estuvo organizada por Foxter y yo, contra lo que era en ese momento la mayoría, Ruthenberg, Lovestone, Pepper, etc. Pronto fue evidente que la composición de nuestro grupo era la de una fracción sindical proletaria. Apoyándonos, estaba la gran mayoría-prácticamente toda- de los sindicalistas, trabajadores norteamericanos experimentados militantes y los extranjeros más norteamericanizados.

Pepper, Ruthenberg y Lovestone tenían mayormente intelectuales y trabajadores extranjeros menos asimilados. Los líderes típicos de esa fracción, incluyendo a su típica segunda Iínea de líderes, eran chicos de colegio, jóvenes intelectuales sin experiencia en la lucha de clases. Lovestone era el ejemplo más sobresaliente de esto. Eran tipos muy inteligentes. Sin duda alguna, tenían más conocimientos teóricos que los líderes de la otra fracción y sabían cómo aprovechar al máximo sus ventajas. Eran duros de tratar. Pero nosotros sabíamos una o dos cosas. Incluyendo cosas nunca aprendidas en los libros, y les creamos muchos problemas. Esta lucha por el control del partido fue feroz., sin nada que callarse por parte de ambos sectores, llevándola de un año a otro sin consideraciones sobre quién tenía la mayoría en ese momento. A veces, la lucha se focalizaba en lo que se presentaba como cuestiones sin importancia. Por ejemplo: ¿dónde debía estar el centro de operaciones nacional del Partido? Nuestra fracción decía Chicago, la otra Nueva York y peleábamos sobre eso. Pero no porque fuéramos tipos tan estúpidos, como nos presentan los chismosos. Pensábamos que si podíamos trasladar nuestro cuartel general a Chicago, esto tendería a darle al Partido una orientación más norteamericana, estando cerca de las minas, cerca del centro del movimiento obrero norteamericano. Queríamos proletarizar y norteamericanizar al Partido. Su insistencia sobre Nueva York tenía motivaciones políticas también. Nueva York tenía fuertes elementos pequeño-burgueses en el Partido; los intelectuales jugaban un rol mayor allí. Estaban más cómodos en ese lugar - quiero decir, en un sentido político-. Y por lo tanto, la pelea por la ubicación del cuartel central del partido es realmente comprensible si se va al fondo de ella.

Esta larga y fastidiosa lucha puede ser descripta aproximadamente -y creo que así será- por los historiadores objetivos y honestos del futuro, como una lucha entre las tendencias pequeño-burguesas y proletarias en el Partido,

con la tendencia proletaria sin la suficiente claridad de programa para desarrollar la pelea, con todas sus implicancias. Ahora, no deben olvidar, éramos prácticamente novatos, sólo nos habíamos familiarizado -y no muy bien familiarizado- con las doctrinas del bolchevismo. No teníamos ningún bagaje de experiencia en política; no teníamos a nadie que nos enseñara; tuvimos que aprender todo en la lucha a través de golpes en la cabeza. La tambaleante fracción proletaria cometió un montón de errores e hizo muchas cosas contradictorias al calor de la lucha. Pero la esencia de su dirección era, en mi opinión, históricamente correcta y progresiva.

A medida que la lucha se desarrollaba, las dos fracciones principales -Foster y Cannon de un lado y Ruthenberg, Lovestone y Pepper del otro, produjeron divisiones posteriores. De todos modos, la división estaba implícita desde el comienzo porque había también estratificaciones dentro de la fracción Foster-Cannon. El grupo vinculado a mí mas cercanamente era el de los comunistas pioneros, hombres del partido desde los inicios, quienes habían adoptado los principios del comunismo antes que el ala de Foster. El ala de Foster era más sindicalista en su experiencia, más limitada en sus concepciones, menos aplicada en las cuestiones políticas-teóricas. En el curso de la lucha fraccional, esta división implícita se formalizó. Así, en el Partido se enfrenta con tres fracciones: la fracción de Foster, la de Lovestone (Ruthenberg murió en 1927) y la de Cannon. Esta división continuó hasta que nos expulsaron del Partido, en 1928.

Todas estas fracciones lucharon interminablemente por ideas que no estaban completamente claras para ellos como dije antes, lo nuestro eran insinuaciones; sabíamos perfectamente lo que queríamos, pero carecíamos de experiencia política, de educación doctrinaria y del conocimiento teórico para formular nuestro programa con suficiente precisión, como para llevar las cosas a una solución apropiada. Recuerden la gran batalla que tuvimos contra la oposición pequeño-burguesa en el Socialist Workers Party (Partido Socialista de los Trabajadores - SWP) un par de años atrás. Si estudian esa batalla para ver como se desarrolló, verán de que manera sacamos provecho de la experiencia de la más antigua pelea entre la fracción pequeño-burguesa y la proletaria en el viejo Partido Comunista. Desde ese momento, ganamos más experiencia, estudiamos varios libros y adquirimos un conocimiento político-teórico más profundo. Esto nos permitió ver las cuestiones claramente y prevenirnos en la lucha contra Burnham, Schatman y compañía, de caer en un embrollo sin principios, sin solución a la vista, como sucedía en los viejos tiempos.

Ahora, estos líderes que mencioné -Ruthenberg, Lovestone, Cannon, Foster- esas cuatro personas estaban siempre en el Comité Político del Partido. Fueron siempre dirigentes del Partido reconocidos y con autoridad; es decir, eran dirigentes de fracciones, que se hicieron parte de la dirección del partido.

Cada fracción era tan fuerte, el peso estaba distribuido con tanta igualdad entre las fracciones, que ninguna de ellas podía ser quebrada o eliminada. Mucha gente estaba aferrada a cada uno de ellos, muchos de los funcionarios capaces del Partido. Esto se vio, por ejemplo, cuando la gente de Lovestone obtuvo la mayoría del Partido con la ayuda y el garrote de la Comintern: no podían hacer lo que querían, hacernos a un lado, particularmente desde que el trabajo gremial y de masas estaba virtualmente monopolizado por las otras fracciones. Muchos de los organizadores del Partido, escritores y funcionarios, estaban íntimamente conectados conmigo, y no podían ser reemplazados. La fracción de Foster era igualmente poderosa, especialmente en el campo sindical. No podían deshacerse de nosotros sin romper el Partido.

De esta forma, podría decirse que el Partido estuvo dividido virtualmente en tres provincias, para decirlo de algún modo. Cada fracción obtuvo la suficiente solidez para trabajar en ciertos campos con una autoridad prácticamente ilimitada y bajo un control mínimo. La fracción de Foster ocupó el territorio del trabajo sindical en forma total. Nosotros organizamos la International Labor Defense y la manejamos virtualmente a nuestro antojo. Esto fue cuando la gente de Lovestone tenia una leve mayoría. Estaban en el control del aparato del partido pero no tenían la fuerza suficiente como para prescindir de nosotros; por lo tanto, este peculiar equilibrio del poder continuó durante varios años. Naturalmente no era un Partido realmente centralizado, en el sentido bolchevique de la palabra. Había una coalición de tres fracciones. En el fondo, eso era el Partido.

No podíamos solucionar el problema por cuenta propia. Ninguna fracción podía vencer a las otras decisivamente, ninguna abandonaría el Partido, ninguna era lo suficientemente capaz de formular su programa, como para obtener una real mayoría en el Partido. Estábamos ante un estancamiento, un empate, una lucha fraccional desmoralizante, sin fin, sin solución a la vista. Eran días desalentadores. Para cualquier revolucionario normal, era extremadamente angustiante sostener, no sólo semanas y meses, sino durante años y años una lucha fraccional. Hay gente que gusta de las luchas fraccionales; en todas las fracciones había gente que sólo despertaba cuando la lucha fraccional comenzaba. Así se mantenían vivos. Cuando llegaba el momento de hacer algún trabajo constructivo - demostraciones, piqueteos, circulación en mayor medida de nuestra prensa, ayuda a los prisioneros por la lucha de clases -ellos no tenían interés en esa rutina. Pero en cuanto se anunciaba la realización de un encuentro de la fracción, ellos estaban siempre ahí, en los primeros asientos.

Hay ciertas personas anormales en todos los movimientos. Estábamos llenos de ellos. Podría escribir algunos capítulos biográficos bajo el titulo "Los luchadores profesionales de fracción que yo conocí". Esta clase de gente nunca puede liderar un movimiento político. Cuando el movimiento finalmente se toma un respiro y retoma el camino más claramente, los luchadores profesionales fraccionales, quedan fuera del lugar en la dirección. En última instancia, los dirigentes se construyen. Estos líderes de nuestras viejas fracciones no eran ángeles, debo admitirlo, no lo eran en absoluto. Eran peleadores muy duros, políticamente hablando. Peleaban con todo lo que tenían a su alcance.

Pero, ¿eran canallas egoístas como los que representaban los diletantes como Eugene Lyons y M. Eastman, y toda esa gente quisquillosa que se mantuvo a un lado del movimiento, y lo midió por cuestiones de moralidad abstractas? Para nada. Ni siquiera Gitlow, quien ahora tardíamente, apoya esta tesis, era un canalla desde el comienzo. Creo que algunos de ellos eran defectuosos de nacimiento, pero la gran mayoría de los cuadros dirigentes de las fracciones eran hombres que ingresaron en el movimiento por razones y propósitos honestos e idealistas.

Esto incluye, también, a quienes más tarde degeneraron, convirtiéndose en stalinistas y chovinistas. Su degeneración fue un largo proceso de evolución, presión, desacuerdos, decepciones, desilusión, etc. Aquellos que ingresaron en el movimiento en los duros días de 1919, o incluso quienes se agruparon alrededor de la revolución rusa en los días de guerra, fundaron el partido en 1919 y soportaron las persecuciones y las corridas en los días de clandestinidad - ellos eran muy superiores desde un punto de vista moral a los políticos de Tammany Hall o del Partido Republicano o de cualquier otro movimiento político burgués o pequeño- burgués que pueda nombra.

Podríamos haber solucionado nuestro problema si hubiéramos tenido la ayuda que necesitábamos. Es decir, la ayuda de gente con mayor experiencia y autoridad. El problema era muy grande para nosotros. Puede pasar, y pasa en los más avanzados movimientos políticos, que los grupos locales removidos del centro, caigan en querellas que se desarrollan en luchas fraccionales y formación de camarillas, hasta que la situación se vuelve, a causa de su inexperiencia, insoluble por sus propias fuerzas. Si tienen una dirección nacional sensata, honesta y madura, capaz de intervenir inteligentemente y de manera justa, en el 90% de lo casos, estos atolladeros, pueden ser resueltos y los camaradas pueden encontrar las bases de una unificación en el trabajo conjunto. Ahora, si nosotros, en todos estos años, hubiéramos tenido la ayuda de la Internacional Comunista, la ayuda de los líderes rusos, a la que echábamos de menos, a la que buscábamos, incuestionablemente, hubiéramos resuelto nuestros problemas. Todas las fracciones tenían buena gente en ellas. Todas tenían gente talentosa En condiciones normales, con una dirección correcta y la ayuda de la Comintern, la gran mayoría de los líderes de las fracciones se hubieran desarrollado juntos y consolidado una dirección única. Las direcciones de estas tres fracciones, unidas y trabajando juntas bajo la supervisión y dirección de líderes internacionales con más experiencia, hubiera producido una fuerza poderosa para el comunismo. El Partido Comunista hubiera pegado un gran salto hacia adelante. Fuimos a la Comintern buscando ayuda, pero el real origen de los problemas estaba allí, a pesar que en ese momento no lo sabíamos. La Comintern, sin conocimiento nuestro, comenzaba su proceso de degeneración. La honesta y capaz ayuda que tuvimos por parte de Lenín, Trotsky y toda la Comintern en 1921 y 1922, en la discusión sobre sindicalismo, y sobre la cuestión de clandestinidad y legalidad, nos capacitaron para solucionar nuestros problemas y liquidar la vieja lucha fraccional. En lugar de obtener esa ayuda, en los años siguientes, nos encontramos con la degeneración de la Comintern, el comienzo de su stalinización. La dirección de la Comintern se dirigía a nuestro Partido como a cualquier otro, no con la intención de aclarar los problemas, sino para mantener la cuestión al rojo vivo. Planteaban sacarse de encima a toda la gente independiente, a los peleadores, a los tercos, de manera que pudieran crear, a partir de ese momento, un dócil partido stalinista. Estaban preparando la creación de esa clase de partido, aquí y en todos lados, sin pensar en utilizar a ninguno de los líderes de las fracciones. Solíamos ir a Moscú cada año. La "Cuestión Norteamericana" estaba siempre en la agenda del día. Siempre había una "Comisión Norteamericana" en la Comintern. Nos veían peleando ante las comisiones y rápidamente se convencieron de que iba a ser algo duro acoplar a esta gente al esquema que tenían en mente. Estaban desarrollando planes para deshacerse de la mayoría de los dirigentes más sobresalientes de todas las fracciones, y cocinar una nueva fracción que sería un instrumento de Stalin.

Cada vez que viajábamos a Moscú, íbamos confiados de que esta vez conseguiríamos alguna ayuda, algún apoyo, porque estábamos en el camino correcto, porque eran correctos nuestros propósitos. Y cada vez éramos desilusionados, cruelmente desilusionados. La Comintern invariablemente apoyaba a la fracción pequeño burguesa contra nosotros. Cada vez que podían, golpeaban a la fracción proletaria, que en los primeros días estaba en mayoría. Dirimimos el conflicto por primera vez en la Convención de 1923 y logramos una mayoría de 2 a 1. Estaba muy claro que la mayoría de los miembros del Partido querían el liderazgo de la fracción proletaria. Incluso más tarde, luego de la división formal de la fracción Foster-Cannon, seguimos trabajando, la mayoría de las veces, en bloque contra la gente de Lovestone. Cada vez que a los miembros del Partido se les daba una oportunidad para expresarse, mostraban que querían que este bloque tuviera la dirección dominante en el Partido. Pero la Camintern decía que no. Querían romper ese bloque. Y estaban especialmente ansiosos, por una razón u otra, en quebrar a nuestro grupo, el grupo de Cannon. Deberían haber sospechado algo. Tuvieron que desviarse bastante de su camino para quebrarme. Tan lejos como el 5to. Congreso de la Comintern, en 1924 a cielo limpio, no estuve presente en ese momento, me condenaron mediante una resolución, por algunos errores que yo había cometido. Cualquiera en la dirección del Partido había cometido errores similares o peores, pero la Comintern fue más allá y se esmeró en citar mi negligencia, con el objetivo de debilitar mi prestigio.

Luego, a medida que pasaban años, la campaña contra el trotskismo creció. El requisito para ser parte de la dirección de cualquiera de los partidos, el criterio por el cual los líderes eran calificados en Moscú, era quién gritaba mis contra Trotsky y el trotskismo. No se nos daba ninguna información real sobre los fundamentos de la lucha en wl partido ruso. Éramos engañados con documentos oficiales llenos de acusaciones y agravios; nada, o casi nada, sobre la otra cara de la cuestión. Abusaban de la confianza de la base del partido. De todas formas, los dirigentes del partido que confiaron en la Comintern, fueron abusados en su confianza, una y otra vez. Cada vez que íbamos a Moscú, en vez de regresar con una solución, retornábamos con una resolución destinada a fomentar la "paz" en el Partido, pero ordenada de tal manera que tomaba la lucha fraccional más caliente que nunca.

No había signos de solución de las luchas. En cuanto era firmada una declaración de unidad, la guerra fraccional la arrojaba por los aires. El cinismo comenzó a pervertir las filas del partido. Que la declaración de un "acuerdo de paz" significara que "ahora la lucha fraccional se pondrá realmente caliente" se convirtió en una máxima.

Las cosas llegaron a un punto tal que uno tenía que ser reservado, tenia que vigilar cada paso, porque se trabajaba en una atmósfera hostil. Se volvió necesario actuar con reserva cada vez que se acordaba con algo. Un ambiente de baja moral comenzó a envolver al Partido, como una niebla. El hecho de que la degeneración de la Comintern ejerciera una influencia determinante en nuestro Partido es citado por mucha gente superficial como una prueba del irrealismo del movimiento norteamericano, de su incapacidad para resolver sus problemas, etc. Esos chismosos solo muestran que no tienen la menor idea sobre lo que es y debe ser una organización revolucionaria. La influencia de Moscú era una cosa perfectamente comprensible y natural. La confianza y expectativas que el joven Partido norteamericano puso en la dirección rusa, era perfectamente justificable porque los rusos habían hecho una revolución. Naturalmente, la influencia y autoridad del partido ruso era más grande en el movimiento internacional, que ninguna otra. Los más sabios, los más experimentados guían a los neófitos. Así será y así debe ser en cualquier organización internacional.

No hay un desarrollo igual en todos los partidos en una internacional. Habíamos visto esto en la IV Internacional durante el tiempo en el que el camarada Trotsky estaba con vida; habíamos incorporado toda la experiencia de la revolución rusa y de la lucha contra Stalin. La autoridad y el prestigio de Trotsky eran absolutamente descollantes en la IV Internacional. Su palabra no tenía la fuerza del comando burocrático, pero tenía un tremendo poder moral. Y no sólo eso. Como se demostró una y otra vez, en cada dificultad y disputa, su paciencia, su sabiduría y sus conocimientos eran aplicados constructiva y honestamente, y siempre ayudaba a cualquier partido o grupo que solicitara su intervención.

Nuestra experiencia en el Partido Comunista era de un valor incalculable en nuestro trabajo diario, y en todas nuestras comunicaciones y relaciones con grupos menos experimentados de la IV Internacional. Es natural que nuestro Partido, precisamente porque asimiló una gran experiencia política, probablemente ejerza una influencia mayor en el movimiento internacional, que cualquier otro partido ahora que el camarada Trotsky no está más con nosotros. Si una sección de la IV Internacional enfrentara una situación revolucionaria en un futuro próximo y demostrara que tiene una dirección del suficiente calibre como para llevar adelante exitosamente una revolución, entonces la autoridad predominante y la influencia, naturalmente se transferiría a ese partido. Por sentido común, se convertiría en el partido líder de la IV Internacional. Estas son simplemente las consecuencias naturales e inevitables del desarrollo accidentado del movimiento político internacional.

Nuestra desgracia, nuestra tragedia a lo largo de la Comintern, era que los grandes dirigentes de la revolución rusa, quienes realmente habían incorporado la doctrina del marxismo y habían llevado adelante una revolución, eran apartados a un lado del camino por la reacción contra la revolución de Octubre y la degeneración burocrática del PCUS. El PC en los EE.UU., como los partidos de los demás países, falló en comprender las complicadas características de la gran batalla. Peleábamos en la oscuridad, pensando solamente en nuestras cuestiones nacionales. Eso fue lo que envenenó la lucha fraccional aquí. Fue lo que causó la degeneración en peleas sin principios y luchas por el control, Sólo un programa internacional, comprendido a tiempo, podría haber salvado al viejo PC de Norteamérica de la degeneración. No comprendimos esto hasta 1928. Entonces, ya era demasiado tarde para salvar más que un fragmento pequeño dcl Partido, para sus originales fines revolucionarios. Cada una de las tres fracciones que existieron en el Partido desde 1923 a 1928 tuvieron su propia evolución. Los cuadros fundadores del movimiento trotskista norteamericano provenían completamente de la fracción de Cannon. La totalidad de la dirección y prácticamente todos los miembros originales de la Oposición de Izquierda, provenían de nuestra fracción.

La fracción de Lovestone fue expulsada brutalmente por Stalin en 1929. La gente de Lovestone se desarrolló de manera independiente desde 1929 a 1939, y luego se desintegraron yendo hacia la burguesía como soporte de la guerra "democrática". La fracción de Foster y los dirigentes secundarios de algunas de las otras fracciones se reunieron sobre la base de una incuestionable lealtad a Stalin, en un abandono completo de su independencia. Eran hombres de segunda y tercera línea. Tuvieron que esperar en las sombras hasta que los reales luchadores fueran expulsados y les llegara el tiempo de ocupar sus lugares. Se convirtieron en los líderes oficiales, los líderes fabricados del PC norteamericano. Luego tuvieron su evolución natural, hasta lograr ser en la actualidad, la vanguardia del movimiento social chovinista.

Una cosa importante para recordar es que nuestro moderno movimiento trotskista se originó en el Partido Comunista y no en otro lugar. A pesar de los aspectos negativos del Partido en esos años, a pesar de sus debilidades, su crudeza, sus enfermedades infantiles, enormes; cualquier cosa que se diga retrospectivamente sobre las luchas fraccionales y su eventual degeneración; cualquier cosa que se diga sobre la degeneración del PC en este país -se debe reconocer que del Partido Comunista surgieron las fuerzas para la regeneración del movimiento revolucionario. Que del PC en los EE.UU. surgió el núcleo de la IV Internacional en este país. Podríamos decir también que los primeros periodos del movimiento comunista en este país, provinieron de nosotros que estábamos aliados a él por cadenas indisolubles. Hay una continuidad ininterrumpida desde los viejos días del movimiento comunista, con sus bravas peleas contra las persecuciones, sus sacrificios, errores, luchas fraccionales y su degeneración, en un eventual resurgimiento del movimiento, bajo la bandera del trotskismo. No debemos rendirnos, no podemos rendirnos haciendo honor a la justicia, a la verdad, a la tradición de los primeros años del comunismo norteamericano. Eso nos pertenece y sobre eso nos hemos construido.

 

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