Evelyn Trent

 

La revolución en Asia Central - La lucha por el poder en la Santa Bujará

 


Publicado por vez primera: Labour Monthly, Vol. 6, July 1924, No. 7, pp. 403-410..
Traduccion al castellano: Por Juan R. Fajardo, para marxists.org, enero de 2011, en base a la transcripcion publicada en el Evelyn Roy Internet Archive en marxists.org.
Esta edición: Marxists Internet Archive, enero de 2011.  


 

 

HAY dos aspectos de la Revolución de Bujará de 1920 que dio lugar a la declaración de una República Popular Soviética -uno es nacional, y el otro internacional. Es esta última la que hace este acontecimiento importante para el hombre en la calle, que con toda probabilidad, nunca ha oído hablar de Bujara la Santa, salvo como un nombre para alfombras caras que adornan las casas de los ricos, ni de su emir, una vez gozante del título de "Comendador de los Creyentes" y venerado por los musulmanes de países ajenos al suyo como segundo en la santidad sólo al alguna-vez Califa de Constantinopla. Si no hubiera sido por la inmensa importancia internacional de esta revolución nacional en Bujara, este último podría haber ocurrido en 1917 en lugar de 1920, casi simultáneamente con la de la Revolución de Noviembre en Rusia, y podría haber logrado su propósito con poca lucha o derramamiento de sangre, y casi ninguna pérdida de vida -pues toda la población de Bujara, excepto los delgados estratos superiores de nobles y clérigos corruptos que rodean la corte del Emir, estaban unánimes en su deseo de libertad.

Desafortunadamente, sin embargo, para la Juventud Bujarense, que formó la vanguardia del pueblo revolucionario, y para las masas oprimidas y explotadas, quienes aspiraban mas ardientemente a la emancipación de sus miserias terrenales que a los prometido placeres del Paraíso de Mahoma, la esclavitud de Turkestán había sido esencial a los intereses de dos de las Grandes Potencias del planeta cuyos imperialismos rivales se habian hallado cara a cara en Asia Central. Uno tras otro, todos los cinco Khanatos de Turkestan-Tashkent, Khokand, Bujara, Merv y Khiva-habían rendido su soberanía los avanzantes ejércitos del zar ruso en su proyectada marcha obre la India; mientras que desde el sur y el este, los puestos de avanzada de Imperialismo Británico respondieron a este avance con la violación de Baluchisthan y la subvención de Afghanisthan y Persia. La desintegración del Imperialismo Ruso por la revolución interna provocó una paralización momentánea de esta lucha por el poder en Asia Central-una lucha destinada a nuevamente reiniciarse casi de inmediato cuando el contagio de las ideas revolucionarias se disperse hacia el este y hacia el oeste, y el deseo de libertad nacional por la parte de las poblaciones nativas, largamente reprimido, vio al fin la oportunidad de expresarse.

La Revolución Rusa de noviembre de 1917, con la proclamación a los distintos pueblos y razas que conformaron el antiguo Imperio Ruso que en lo sucesivo que se beneficiarian de la igualdad y la soberanía, con el derecho de libre determinación, recibió una respuesta inmediata por parte de todas las dependencias de Rusia asiática, que habían gemido bajo la tutela zarista, y habían, a través de sus varios partidos revolucionarios, intentado en vano  ganar un mínimo de libertad de las exacciones tiránicas de los khanes y mulás (reyes y sacerdotes) respaldados por los Ejércitos Imperiales del antiguo estado ruso. De marzo a noviembre de 1917, los meses que separan la república burguesa de Kerenski del ascenso de los bolcheviques al poder, estos movimientos nacionalistas revolucionarios en las provincias de Asia Central avanzaron más y más, aunque todavía controlados por la vieja maquinaria de represión. La victoria de la segunda revolución en la Rusia europea fue seguida casi inmediatamente por la declaración de una república soviética desde Tashkent, la capital de Turkestan. Lo que había sido el corazón de la autocracia patriarcal se vió amenazado por una inundación de las más rojas de las ideas revolucionarias. La desintegración del zarismo significó el colapso final de los khanatos y los emiratos de Asia Central, con todos sus siglos de incalculable corrupción, opresión, y vicio. El avance de la revolución victoriosa amenazaba con socavar las monarquías feudales de Persia y Afghanistan.  Con todo el mundo antiguo tambalendo hacia su caída, la revolución con su mensaje de liberación seria llevada a las mismisimas puertas de la India! El Imperialismo Británico, el sobreviviente triunfal a una vez mortal rival, se sentía nuevamente amenazado, y desde entonces se convirtió en el enemigo más inveterado de la Revolución en Asia Central-se convirtió en la columna vertebral y el cimiento de la contrarrevolución.

Aquellos que leen los diarios, sin detenerse a considerar el significado oculto de las nueve décimas partes de lo que se publica como una mera "noticia", puede recordar haber visto publicado en la prensa mundial en junio de 1923 un "Llamado del Emir de Bujará" contra la opresión bolchevique, dirigida a los gobiernos de Gran Bretaña, Japón, China, Estados Unidos, Turquía, Persia y la Sociedad de Naciones. Este "llamado" recibió protagonismo inusual en la mayoría de los grandes órganos de opinión capitalistas de Londres, y los principales artículos fueron escritos para añadir peso al propio documento, que tiene por objeto exponer a la barbarie bolchevique en el Asia central. La causa del victimizado Emir fue abrazado calurosamente por estos notables-como recientemente la del depuesto sultán turco Abdul Hamid y de su sucesor, el ex-califa del Islam, Abdul Mejid, se ha defendido de manera similar frente a la acción enérgica del Gobierno de Angora. Cuando la Prensa Europea comienza con tal unanimidad a defender una causa perdida con tanto ardor, es bueno mirar debajo de la superficie y tratar de descubrir la razón de la misma. El "Llamado" estableció en un lenguaje muy vivo y pintoresco el "carácter bajo y abominable" de la política bolchevique en el Asia Central, que había abolido los gobiernos independientes de la bashkires y uzbecos, "inundando el país con la sangre de cientos de miles de musulmanes "-" el Ejército Rojo compró y vendió sus esposas e hijas, burlarndose de las lágrimas de sus víctimas".  La culminación de esta devastación y opresión de Turkestán por las fuerzas bolcheviques se alcanzó en el bombardeo de Bujará, por el que "se perdió un tercio de la población, mezquitas destruidas, los habitantes (incluyendo el Emir) obligada a huir y un gobierno organizado, autodenominandose la República Independiente de Bujará".

Tal es en breve el contexto de este llamado patético al mundo civilizado a venir al rescate del depuesto Emir de los Creyentes, tan inicuamente despojado de su trono y expulsado de su reino. El mundo, en particular el mundo musulmán, puede haber sentido algunas punzadas agudas de indignación ante este nuevo caso de atrocidades bolcheviques, pero, por extraño que parezca, la Liga de Naciones ni equipó ni envió ninguna  de cruzados santos para luchar por la causa de justicia, y el Emir permanece en el exilio en la corte de su potentado hermano, el Emir de Afghanisthan, que amablemente le dió refugio. La República Popular Soviética de Bujará la permanece en el poder y mantiene las relaciones más estrechas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a la que está federada. Casi un año ha pasado desde el lanzamiento de dicho Llamado olvidado, y aunque los últimos artículos de prensa en el mundo nos quieren hacer creer que hay un nuevo intento por parte de los Guardias Blancos rusos y de bandidos nativos de alterar el status quo en Asia Central, podemos considerar que esto no es sino otro indicio del hecho de que la lucha por el poder en esa región remota, pero importante, de la tierra aún no está terminada, y que a pesar de los informes en contrario, los bolcheviques están aguantando.

Tanto habiendose dicho sobre el aspecto internacional de la Revolución de Bujará, algunos hechos pueden ser citados que arrojan nueva luz sobre el lado nacional de la lucha, que resultó en el establecimiento de una república en 1920. ¿Cuáles fueron las condiciones que llevaron a esta revuelta, y cómo llegó a tener éxito al final?

El movimiento revolucionario bujarense había existido desde finales del siglo XIX, como consecuencia natural de las condiciones intolerables que prevalecieron bajo la opresión combinada de las autocracias de Rusia y Bujará.   La rebelión abierta había sido impedida por los ejércitos del Zar, que fueron puestos a disposición del Emir.  El gobierno de este último, nominalmente independiente, era en realidad un protectorado de Rusia, que mantuvo un Agente Residente ahi para ejercer el control.  Los ferrocarriles y telégrafos, construido por el gobierno del Zar, fueron controlados en su totalidad por este, y guarniciones rusas mantuvieron el respeto por el verdadero poder detrás del trono del Emir. Este potentado teocrático, considerado por los musulmanes de Asia Central y países vecinos como la encarnación de poderes no sólo terrenales, sino tambien divinos, era venerado supersticiosamente por el mundo musulmán, y la fama de Bukhara el Sharif como centro de cultura islámica atrajo peregrinos y estudiantes de todos los países musulmanes. Tal prestigio internacional de ninguna manera aligeró la carga que el robo oficial, la corrupción y el vicio impusieron a los subditos inmediatos del Emir. Este déspota consideraba a Bujará como su propiedad personal, y los ingresos del gobierno, arrancados de la labor del pueblo, como dinero de bolsillo. Más de la mitad del ingreso nacional era inmediatamente dedicado sí mismo y a los de los mulás y los begs (el clero y los nobles). La riqueza extraída de la miserable población  fue despilfarrada en los placeres licenciosos de la corte y el harem, y en el mantenimiento de la dignidad del Emir en capitales vecinas. Uno de sus palacios de recreo en el Cáucaso ruso ha sido convertido en una casa de descanso para trabajadores convalecencientes, que hoy en día disfrutan del lujo que fue arrancado del sudor y la sangre de los campesinos y artesano bujarenses. Es una de las conquistas menores de la Revolución Rusa.

Naturalmente, represión política acompañó estas exacciones económicas, que fueron una constante provocación a la rebelión por parte de las masas. El poder del Emir era absoluto, los derechos del pueblo ningunos. Los que fueron lo suficientemente valientes o imprudentes como para llamar por la reforma fueron encarcelados, torturados y ejecutados o simplemente masacrados. Estos derechos patriarco-feudales del lider bujarense estaban protegidos por los fusiles del zar, y el hecho de que él era un mero títere de la autocracia rusa aumentó el odio de su propio pueblo en su contra. Este sentimiento era compartido incluso por algunos de los sacerdotes más jóvenes, procedentes de las filas del pueblo. Un gran número de mulás se unió a la organizaciones secretas revolucionarias de Bujará, siendo un tal Mulá Ikram un líder destacado. La masacre Chiíta de 1909, dirigida contra el Gobierno de Bujará para dar los mayores puestos a la secta de los musulmanes chiítas, y reprimida por las tropas zaristas, fue organizada por otro sacerdote, el Mulá Bachi. Pero el verdadero centro de descontento radicaba en las masas campesinas explotadas, a quien los impuestos exorbitantes habían reducido a la pobreza más absoluta. No pasó un solo año sin algun motín o rebelión campesina, reprimida con la crueldad más extrema.

Hubieron pocas oportunidades para que un movimiento estrictamente nacionalista se desarrollase en un país donde no se le dió la oportunidad de evolucionar a una burguesía nativa.  El capital rusa mandaba sin control, disfrutando de todas las garantías, mientras que el capital nativo no tenía ninguno. Después de la construcción del Ferrocarril Trans-Caspio, un inmenso desarrollo del comercio entre Asia Central y Batumi en el Mar Negro, a la que una rama de tren corría, conectandolo al Trans-Caspio. Por ciento cincuenta millas, esta línea ferrea de Asia Central atraviesa el territorio de Bujará, resultando en un gran estímulo del comercio. Un cierto número de le intelectualidad bujarense, educada en Rusia y bebiendo las ideas del movimiento revolucionario, constituyó el núcleo del Partido de la Juventud Bujarense, que junto con elementos descontentos del sacerdocio y los comerciantes, agitó por la concesión de los derechos constitucionales y la limitación del poder del Emir. Después de la Revolución Rusa de 1905, que tambien tuvo su eco en Bujará, todos los partidos y facciones revolucionarios se unieron en una sola organización central conocida en adelante como Mlada Bukharsi.

(Continuará)