Salvador Allende

Gobierno popular: año II. Discurso por radio y TV


Pronunciado: El 3 de noviembre de 1972.
Versión digital: Eduardo Rivas, 2015.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 5 de febrero de 2016.


Queridas compañeras y queridos compañeros trabajadores:

Hoy, segundo aniversario de la llegada del pueblo al Gobierno, saludo en la forma más afectuosa y cordial a los cientos y miles de chilenos que lucharon y trabajaron porque el pueblo fuera Gobierno.

Dos años de Gobierno Popular, debido al esfuerzo y al sacrificio de jóvenes, mujeres y hombres, para trazar el camino hacia una sociedad distinta; en pluralismo, democracia y libertad.

Todos se preguntarán las causas y razones por las cuales no ha habido un acto de masas. Es fácil la respuesta. Los hechos acaecidos -que aún estamos viviendo y sufriendo-, han obligado al Gobierno a utilizar los resortes jurídicos para establecer el orden, y para ello se decretaron las Zonas de Emergencia.

En cumplimiento a las disposiciones emanadas de esta Zona de Emergencia, no se ha convocado al pueblo para dialogar, conversar y celebrar nuestro aniversario.

Pero lo haremos próximamente. Lo haremos en la semana que comienza, porque tenemos la certeza de que, a través de la decisión del Gobierno -que no significa represalia ni represión, pero si autoridad efectiva dentro de la Ley-, la tentativa de paro definitivamente cesará.

Aquellos que contribuyeron a la tentativa de paralizar el país, los gremios que iniciaron este paro -transportistas y comerciantes-, y los que declararon su solidaridad, tengo la certeza de que regresarán a sus trabajos el lunes. El señor Ministro del Interior, en nombre del Gobierno ha señalado con claridad esta obligación. Al mismo tiempo que se ha formado con dirigentes gremiales -y no por petición del Gobierno, como han dicho algunos diarios, sino por petición de ellos-, una camisón de dirigentes de los gremios que están en paro, para encontrar una solución. El gobierno les ha pedido que por escrito indiquen con claridad, precisando cuáles son, a juicio de ellos, los puntos gremiales que el Gobierno debe considerar.

Entregado ese documento, será analizado por los Ministros de Interior, Trabajo, Economía y Hacienda, y el Gobierno dará su respuesta definitiva.

En ella, por cierto, se tomarán en cuenta las peticiones justas, se asegurará una vez más el respeto a la legítima actividad gremial de las asociaciones y sindicatos, pero al mismo tiempo se precisará cuáles son las obligaciones que emanan del estado de derecho, y cuál es la responsabilidad que tienen los dirigentes frente a la Ley, la Constitución, y a la marcha normal del país.

Esperamos que los dirigentes entiendan que el Gobierno no quiere tener una actitud represiva, pero también debe dejar muy claro, que es la autoridad legítima por la voluntad popular, ratificada por la decisión del Congreso. A esta autoridad es a la que deben someterse, de acuerdo con la tradición jurídica de este país.

No puedo, lógicamente, hacer un balance detallado de estos dos años de Gobierno. Lo haremos en la concentración que he anunciado para la próxima semana. Sin embargo, me parece justo precisar cuáles fueron las responsabilidades que nos encomendó el pueblo en 1970.

En primer lugar -a mi juicio- recuperar para Chile sus recursos básicos. Los países dependientes, en vías de desarrollo, son países que tienen su economía deformada, sometidos a la influencia política porque no tienen independencia económica.

Los países en vías de desarrollo, son países que producen materia prima e importan artículos manufacturados, que compran caro y venden barato. Es la tragedia, es la realidad, es la dolorosa realidad que confrontan estos países en distintos continentes. Sus voces ya se alzan con un sentido uniforme y claro, como expresión de protesta de los pueblos y como manifestación de sus gobiernos en los organismos internacionales, llámese Organización de los Estados Americanos, o Naciones Unidas. Chile ha sido testigo -en la reunión celebrada por la III UNCTAD-, de cómo los países no alineados manifestaron cuál era la realidad de nuestros pueblos en su dolorosa existencia con el sufrimiento de grandes masas humanas que carecen de lo fundamental y lo esencial, y cómo en el mundo de la técnica y la ciencia, cada vez se hace más distante; cada vez hay mayor separación entre los países industriales del capitalismo, los países socialistas y los países dependientes.

¿De qué manera pesan sobre estos países, por ejemplo, las deudas externas? ¿Cómo sufren la penetración del capital foráneo, y fundamentalmente, la influencia nefasta de las empresas trasnacionales?

Cómo los agobiantes gastos de guerra, en países que deben vivir en paz y cuya única guerra debería ser contra la miseria, se ven sometidos a exigencias que hacen más y más apremiante y dura la existencia de millones y millones de seres humanos.

El Gobierno Popular, el Gobierno de los trabajadores, con decisión recuperó para Chile el cobre, el acero, el salitre, el petróleo, el carbón. Las riquezas esenciales en manos del capital foráneo, son ahora de los chilenos; esto, además de dar un margen muy amplio de posibilidades para aprovechar el excedente que produzcan estas empresas e impulsar el desarrollo económico, nos da perfil de pueblo independiente y nos da la sensación justa de que somos nosotros los dueños de nuestro futuro.

El pueblo nos dio como tarea avanzar en el camino de la democracia económica, para asegurar la liberación de los trabajadores de la explotación de las clases minoritarias dominantes.

Durante siglo y medio, y más, una minoría tuvo el control de la vida política y económica del país, y el desarrollo económico, el proceso industrial, estuvo al servicio de esta minoría. Su influencia política estuvo destinada, preciosamente a defender sus privilegios de clase. Por eso, la tarea fundamental y básica, ha sido librar a los trabajadores de esta explotación.

Sabemos perfectamente bien, que no lo hemos alcanzado plenamente y no soñamos con alcanzarlo en algunos meses, o en algunos años. Es un problema difícil construir la nueva sociedad. No se realiza ni en días, ni en horas, ni aun en años. Pero caminamos hacia esta nueva concepción de la existencia humana, de la convivencia social, con el empuje y la decisión del pueblo, que sabe cuál es la tarea que debe realizar.

Avanzar en el camino de la democracia económica, supone mayor igualdad social en el trabajo.

Es decir, hacer posible que no haya distancias siderales entre los ingresos y remuneraciones de técnicos y profesionales, obreros y campesinos.

Igualdad en el trabajo, implica dar la oportunidad de que tenga trabajo el obrero chileno.

El gobierno que presido ha derrotado precisamente la cesantía, alcanzando los índices más bajos de los últimos quince años en nuestro país.

Mayor igualdad social, significa luchar para que todos o la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, derroten el conventillo insalubre, la choza, la pocilga, la vivienda insalubre. Para ello, hemos impulsado un plan que no ha alcanzado -y lo reconozco-, los niveles que hubiéramos deseado, porque Chile no está preparada en su infraestructura, en su capacidad productiva para poder levantar 100 mil viviendas al año como quisiéramos. Falta fierro, falta cemento, falta cómo dotar la vivienda en la producción de línea blanca. Este es todo un proceso, que requiere una planificación, que ha de llevamos, en una etapa inicial, a construir, superando el aumento vegetativo de la población y superando el déficit de arrastre que tenemos de 600 mil viviendas que faltan.

Mayor igualdad social, implica que tengan acceso a la salud todos los chilenos. La salud no se puede comprar, porque hay gente que no tiene cómo pagar esta compra. La salud es un derecho para nosotros, como lo es el del trabajo y la vivienda. Sin embargo, para dar salud a todos los chilenos tenemos que saber que carecemos de los recursos humanos, además, de las deficiencias materiales. El Gobierno, dentro de esta realidad tan cruda ha hecho lo imposible por aumentar -y ha aumentado extraordinariamente-, el número de atenciones; por llevar los consultorios a las poblaciones, y entregar medicamentos, ampliando el formulario nacional, y aprovechando mejor los recursos humanos, pidiéndole a las Universidades que aumenten la matrícula en la carrera de Medicina y en las carreras paralelas o anexas a la de médico, a fin de poder contar, a años plazo, con un número suficiente de gente que sea a la vez constructora de la salud.

Mayor igualdad social, significa dar más educación. Lo hemos hecho, llegando a niveles satisfactorios en Educación Básica. Un 97% de los niños de Chile, se matriculan en la enseñanza esencial. Hemos aumentado la matrícula en la Educación Media y se ha llegado a un porcentaje nunca antes alcanzado en la educación y preparación universitaria; ciento treinta mil estudiantes universitarios.

El gran problema para el futuro, estará en dar trabajo a los que egresen de la Universidad, en la gran demanda de ocupación que crea esta apertura de la Universidad. Por primera vez hay en las Universidades cursos para obreros y convenios entre la Central Única de Trabajadores y las Universidades.

Mayor igualdad social, significa modificar las leyes de seguridad social o de previsión social. Lo hemos hecho, mejorando los beneficios monetarios de las leyes de previsión, en relación con el subsidio de lactancia; con mayor plazo a la mujer que espera un hijo, con un mayor tiempo de lactancia después del parto. Lo hemos hecho con la modificación de las leyes que tienen relación con las montepiadas, con los jubilados.

Con qué satisfacción puedo señalar, que hace dos años que no vemos por las calles de Santiago o de provincia a las ancianas y a los ancianos, reclamando una migaja para que sus pensiones fueran incrementadas. El incremento de las pensiones ha sido extraordinario; nosotros hemos podido hacerlo y con ello cumplir con algo tan humano y tan justo, tan indispensable, como es dar tranquilidad en sus últimos años a cientos y miles de chilenos.

Mayor igualdad social, significa nivelar las asignaciones familiares. Lo hemos hecho con las de los obreros, campesinos, empleados públicos, Fuerzas Armadas y Carabineros. Sólo queda todavía, la asignación familiar de los empleados particulares, que es superior a la de los grupos denominados.

Esperamos que en 1974 haya una sola Asignación Familiar para todos los chilenos.

Mayor igualdad social significa aumentar, dar más previsión social; entregar seguridad social a miles y miles de chilenos que no tenían ningún beneficio previsional. Setecientos veinticinco mil, que carecían de ellos, han sido incorporados a las leyes que el Gobierno ha patrocinado y ha obtenido sean despachadas.

Mayor igualdad social, significa redistribuir en forma justa el ingreso. Lo hemos hecho, a niveles nunca antes alcanzados.

Avanzar en el camino de la democracia económica, implica organizar el poder económico y social de los trabajadores. Para ello, nos hemos empeñado en construir y establecer el área social de la economía. Lamentablemente no hemos obtenido el despacho de las leyes presentadas que delimitan las áreas social, mixta y privada, como tampoco aquellas que dan seguridad y garantía y estimulan a los pequeños y medianos productores, comerciantes, empresarios agrícolas o comerciales. Sin embargo, el área social -sí no se ha alcanzado plenamente, ha dado ya los pasos necesarios para consolidar una fuerza de producción sólida en manos de los trabajadores-, ha permitido crear los consejos de administración, de acuerdo con el compromiso CUT-Gobierno. Por primera vez en la historia, los trabajadores dirigen estas empresas fundamentales, que son estratégicas en el desarrollo económico del país.

Avanzar en el camino de la democracia económica, significa erradicar el latifundio y la expropiación de 5 millones 600 mil hectáreas. Junto a ello se han creado los Consejos Campesinos, para la participación activa, responsable de los trabajadores de la tierra, en los procesos de la producción; en el conocimiento de la marcha de los predios expropiados, en el estímulo de la creación de las Cooperativas o las áreas reformadas, para que el campesino sea, fundamentalmente él, el que pueda comprender la tarea que tiene que realizar ayudado técnica, económicamente, con medios y elementas de utillaje.

Allí está el esfuerzo para entregar cientos de tractores, mecanizando el trabajo agrícola, con insumos y quimificación de la tierra y abonos. Avanzar en el camino de la democracia económica significa organizar al pueblo para que esté presente en la justa distribución y ayuda al control de precios. Así nacieron las JAP, Juntas de Abastecimiento y Control de Precios tan combatidas. Ellas tienen una labor muy clara, que muchas veces lo hemos dicho, no van contra los comerciantes, detallistas o minoristas, sino por el contrario, cooperan con ellos para que puedan recibir en las distribuidoras centrales las mercaderías que requieren, para que además los precios se mantengan dentro de las normas que permitan utilidades justas.

Avanzar en el camino de la democracia económica significa dar vida a los centros residenciales, a las juntas vecinales de cooperación y vigilancia que deben preocuparse de los problemas que dicen tener relación con las necesidades esenciales de los vecinos, de la población, que al mismo tiempo sean un factor coordinador de la vida de aquellos que tienen una tarea tan noble y tan grande como es la transformación económica y social del país.

También recibimos como mandato popular incrementar el ritmo del crecimiento económico, pero dando más trabajo, más bienestar y mayores recursos a los trabajadores. Los índices de crecimiento en los últimos años son los más altos que Chile ha tenido desde hace mucho tiempo. Es decir, y para sintetizar, se nos dio la tarea de cambiar las estructuras económicas y sociales sobre las que se apoyaba el caduco sistema capitalista. Aumentar el crecimiento de las actividades económicas, conjunción prácticamente no lograda fácilmente y quizás -podemos decirlo sin vanidad-, no alcanzada en la etapa inicial de un proceso revolucionario hasta ahora, por lo tanto, lo que hemos hecho, tiene el sello peculiar de algo propio, de algo nuestro.

Además, lo hemos realizado tal como lo dijéramos, en democracia, pluralismo y libertad. Es una tarea que cumplimos porque éste fue nuestro compromiso con el pueblo, con Chile y con la historia. Pero ello implica también enfrentarse a dificultades extraordinarias, sobre todo cuando existe una incomprensión, una oposición que a veces adquiere caracteres de intransigencia y tanto más difícil ¡cuando este Gobierno no tiene una mayoría en el Congreso!

De allí entonces que es conveniente meditar lo que significa para nosotros este segundo aniversario y lo que hemos alcanzado y logrado por la acción del Gobierno mancomunada, vinculada al pueblo, porque es el Gobierno de los trabajadores.

En este Segundo Aniversario hoy podemos decir que además de los logros que he reseñado en forma tan breve, hemos tenido una gran victoria. Hemos derrotado el espectro del fascismo cuyo rostro tenebroso ha asomado hace meses en este país. Hemos derrotado a la sedición -”¿Por qué digo esto?”- Porque aquellos que han pretendido políticamente destruir esta convivencia democrática y las bases institucionales, no lo han logrado. Porque aquellos que han querido paralizar la economía del país, no lo han alcanzado. Sus dos objetivos, no los alcanzaron, no los lograron ni lo lograrán. Esta fecha tiene por eso el valor, de ser el comienzo de la derrota definitiva de la amenaza fascista. Digo el comienzo de la derrota definitiva, porque el pueblo no puede dejar de estar vigilante, no puede confiarse en que ya está amenaza está desaparecida para siempre.

Hay que lomar en cuenta que el afianzamiento del proceso revolucionario nos ha llevado como era lógico, a que choquemos con el imperialismo y la burguesía nacional. Siempre lo dijimos, lo repetimos, lo machacamos para que el pueblo lo entendiera: la independencia económica de un país pequeño como el nuestro, de la dura penetración del capital foráneo, trae aparejados peligros que el pueblo debe conocer, amenazas que el pueblo no puede olvidar, y acciones que el pueblo tiene que aprender.

Ya sabemos lo que representó la tentativa tenebrosa de la ITT en la etapa que viviéramos del 4 de septiembre del 70 al 4 de noviembre de ese año. La denuncia no la hicimos nosotros, los documentos no negados prueban lo que sostenemos y que el mundo entero supo, porque tuvo proyecciones internacionales, lo que se intentó contra Chile y culminara con el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider.

Nacionalizamos el cobre, lo hicimos reformando la Constitución. El Congreso en que tenemos una minoría, sostuvo -es justo reconocerlo-, por la unanimidad, una Reforma Constitucional que permitió nacionalizar el cobre. Parlamentarios de todas las tiendas comprendieron la necesidad nacional de apoyar el proyecto del Ejecutivo, para que el cobre algún día y desde ese día fuera chileno. El país sabe cómo desde el instante mismo en que se nacionalizara la riqueza básica en manos del poder capitalista foráneo, en manos de capitales norteamericanos, todo un cerco económico se ha ido tendiendo en contra nuestra y se ha ido estrechando para ir lenta pero duramente cerrando nuestras posibilidades. No es éste el momento de desarrollar ampliamente lo que otras veces he dicho. Lo haré con los detalles necesarios para informar al pueblo en la próxima semana. Ya hemos sufrido la tentativa de embargo de nuestro cobre o el valor de él, en Francia, en Holanda y en Suecia, las compañías imperialistas han procedido así. Antes lo hizo la Anaconda en Estados Unidos, y la Kennecott ahora lo hace en escala internacional. Es útil que lea para ustedes lo que trae la revista Time que llegó hoy a nuestro país. En uno de los artículos que dice en relación con lo que estoy comentando se expresa lo siguiente:

“Los representantes oficiales de la Kennecott están decididos a mantener el cerco sobre Chile.

La Oficina en Manhattan del Consejero General, que está dirigiendo la campaña, tiene el aire de ‘un cuarto de guerra’. Su escritorio está lleno con informes de embarques. De una muralla cuelga un gran mapa, para planear las rutas de los barcos. Desde aquí este Consejera General, vigila los barcos que entran o salen del puerto de San Antonio, desde el cual se embarca el cobre de El Teniente. Actualmente, está monitoreando los movimientos de todos los barcos que navegan hacia Europa; y son por lo menos seis, cargados con metal de El Teniente. Cuando llegue, este Consejero quiere que sus agentes estén allí para recibirlos con órdenes de embargo”.

Todo un plan, toda una guerra, toda una acción destinada a crearnos dificultades en el campo internacional, la Kennecott quiere que donde llegue un barco que lleve cobre de El Teniente, allí estén sus agentes como dice Time para impedir que ese cobre llegue a los que lo compraron o para intentar que el valor de él sea retenido. Esta es la acción implacable de las compañías multinacionales cuya influencia tenebrosa en el país de origen es muy fuerte y que utilizan para desatar su audacia, su violencia económica, su intervención política, contra los pueblos que osan luchar por recuperar sus riquezas y ser dueños de ellas.

Hemos dicho que el afianzamiento del proceso revolucionario tenía que llevarnos a chocar con el imperialismo, pero también con la burguesía criolla, con los sectores reaccionarios. Son éstos los que, a medida que nuestro proceso iba avanzando, han actuado coludiéndose, unificando su acción, para intentar recuperar el poder político y sus ventajas económicas.

Distintas etapas ha vivido Chile de este proceso de resistencia al avance del programa de la Unidad Popular y del Gobierno del Pueblo. La acción de estos sectores reaccionarios, los llevó primero a plantear la desobediencia civil y después la resistencia civil, atentando contra la solidaridad nacional. Más que eso, hemos leído y el país conoce documentos en que se habla de que no tendrán valor las elecciones del próximo año, atentando así contra el régimen democrático y nuestras instituciones. Quiero señalarlo -y sin que ello me preocupe- que hasta se propuso plantear una acusación constitucional, con el ánimo de destruir al Presidente de la República que les habla. Esto, sabiendo que no tenía mayoría en el Congreso, para dar una imagen en contra del Gobierno, para señalar que en este país se vivía la etapa negra del caos económico y social, de la falta de Gobierno. Pero es justo reconocerlo, hay grandes sectores de la oposición que se han negado a éstas, que son siniestras aventuras.

Sin embargo, hemos vivido, durante veinte días una tentativa de paro que el país conoce y sufre, que ha significado movilizar gremios sobre la base de no haber respetado sus derechos, cosa que jamás ha ocurrido ni ocurrirá, sobre todo en un Gobierno de los trabajadores, para dar impulso político a esta tentativa de paralizar el país. Sobre esta base, para solucionar el conflicto, plantear demandas que no son gremiales y que implican la tentativa de cercenar los derechos que la Constitución y la Ley otorgan al Ejecutivo, para colocarlo prácticamente en interdicción, para limitar su poder de veto, para pedir que se despache, sin que el Ejecutivo opine, determinados proyectos que aún están en su etapa de discusión en el Congreso Nacional prácticamente, para inmovilizar al país, y como lo dijera con cierta holgura, para no utilizar otra expresión, un dirigente gremial que sostuvo que había que retrotraer nuestra vida al 3 de septiembre de 1970. Como si la historia pudiera retroceder, como si se estuviera forjando un pueblo distinto.

En las últimas tres semanas Chile ha cambiado. Ha surgido una nueva realidad social, una conciencia de los trabajadores, su unidad, su espíritu combativo se han fortalecido. El país ha sido testigo que quienes quisieran paralizarlo han fracasado. La tentativa de los patrones de que las industrias no produjeran, llevó la palabra de los trabajadores y su acción para producir más, lo mismo ha sucedido en todas las actividades donde la conciencia de los trabajadores -entendiendo por tales a campesinos, obreros, empleados, técnicos y profesionales-, se ha puesto en evidencia. Con heroísmo, con sacrificio, la juventud, oyendo el llamado para inscribirse en los trabajos voluntarios de la Patria ha puesto la energía de sus años jóvenes y mozos, con cariño por Chile, para que el país, con su contribución, no careciera de alimentos.

Hemos visto el Frente Patriótico de los profesionales, que une a muchos hombres y mujeres que pasaron por las universidades, que tienen un título, y que con conciencia social están ubicados en la frontera de su responsabilidad, con el Chile del presente y del mañana.

El país ha visto a un pueblo, tranquilo, firme, sereno, que no se ha desbordado por las calles, que no ha usado la violencia, que no ha destruido un automóvil, que no ha roto un vidrio, que no ha agredido a nadie, mientras las hogueras del fascismo, las barricadas del fascismo, la violencia fascista se desató durante días, y especialmente de noche, en distintos barrios de Santiago; mientras el sabotaje estuvo presente a lo largo de Chile, mientras se agredió la economía de nuestro país y, lo que es peor, a la gente que quería trabajar; mientras se desató la presión inmoral sobre aquellos que anhelaban trabajar para que lo hicieran; repito, mientras todo esto lo hemos visto ante nuestros propios ojos, también hemos visto la capacidad creadora de un pueblo que se ha organizado, que ha tomado nuevas formas, en pequeños grupos, creando comités, activando en las fábricas, estando en la producción, volcándose en la siembra agrícola, trabajando en las oficinas públicas, estando empleados públicos y privados cumpliendo con agrado horas extraordinarias, profesionales yendo a los hospitales a impedir que el pueblo careciera de atención, en resumen, hemos visto la fuerza creadora, la pasión nacional, el espíritu y el sentido nuevo que nace, precisamente, de todo proceso revolucionario.

Hay que analizar y reflexionar sobre esta realidad, sobre las nuevas facetas que han surgido.

Hoy, las fuerzas revolucionarias son más fuertes que ayer. Los adversarios recurrieron a todos los medios, a todos los métodos, a la violencia y al engaño. La amenaza fascista, que por cierto no alcanza a la de oposición en todo, es de un grupo pequeño pero audaz. La tentativa de paro, impulsada en el campo sedicioso fundamentalmente por esta gente, que arrastró a otros que no tuvieron buena información o a otros que erradamente creyeron que se habían vulnerado sus derechos sindicales, esta amenaza sediciosa el Gobierno la detuvo sobre la base de la utilización justa de la Ley, que entrega al Ejecutivo las instituciones que deben resguardar el orden. Carabineros e Investigaciones cumplieron durante largos días y noches una dura tarea y cuando fueron sobrepasados o cuando el cansancio golpeó muy fuerte a las entes de esos cuerpos institucionales, tuvimos que, utilizando la ley, decretar las zonas de emergencia y las Fuerzas Armadas -Ejército, Marina y Aviación- contribuyeron, como tradicionalmente lo hacen, a mantener la tranquilidad, la paz y orden público.

No se logró ampliamente, pero tuvimos que recurrir al toque de queda y con ello evitar que a la sombra de la noche, impunemente, el sabotaje continuara. Las Fuerzas Armadas, Carabineros e Investigaciones, instituciones que la Constitución consagra para ello, junto al pueblo han sido los factores de estabilidad, de tranquilidad; han sido las bases que han impedido la paralización del país. Por ello, en el día de hoy, junto con este aniversario, emerge también un nuevo Ministerio, como consecuencia justa de las nuevas realidades que en este país han surgido. Este Ministerio está integrado por las Fuerzas Armadas, los partidos políticos populares y los representantes de la Central Única de Trabajadores.

Es decir, los factores fundamentales han sido, para asegurar y garantizar la marcha democrática del país, las Fuerzas Armadas, Carabineros e Investigaciones y la clase trabajadora organizada.

¿Qué tareas tenemos por delante?

En lo económico se ha declarado la guerra contra Chile dentro y fuera del país. Tenemos que asumir conscientemente las limitaciones de una economía de guerra. Tenemos que imponernos una economía de guerra y comprender los sacrificios que esto significa, pero que no pueden pesar, como siempre han pesado, solamente sobre el pueblo.

Chile agredido desde fuera y desde dentro. Con la lucha empeñada en que estamos contra la insolencia imperialista; cuando nuestro comercio legitimo encuentra dificultades que se crean artificialmente; cuando se nos cierran las líneas de crédito; cuando hemos renegociado tan sólo el 70% de la deuda externa; cuando lamentablemente el precio del cobre ha bajado, lo que implica que tengamos un menor ingreso del orden de los 160 a 170 millones de dólares; cuando internacionalmente los fletes han subido y además también todos los productos alimenticios, los insumos y los repuestos; cuando se nos obliga a pagar al contado lo que antes adquiríamos a crédito; cuando los 270 millones de dólares de crédito de la Banca privada a corto plazo en Estados Unidos se han visto reducidos tan sólo a 30 millones de dólares; cuando, por ejemplo, el precio del trigo ha subido de agosto a septiembre de este año en 22 dólares la tonelada; cuando el precio de la leche en polvo ha subido de 580 a 970 dólares la tonelada; cuando todo esto ha ocurrido y cuando vemos cómo la política del país más poderoso del capitalismo hace crujir las estructuras de los países capitalistas industriales y con mayor razón las de nuestros pueblos, entonces debemos comprender que en esta etapa, más que en otras, Chile tiene que tener conciencia de las horas duras que ha vivido y de las que tendrá que vivir. Sé que los trabajadores comprenderán que hay que ahorrar más, invertir más y consumir menos en aquello que no sea lo indispensable y necesario.

Cuando uno ha visto un pueblo responder como ha respondido en estas horas, puedo hablarle en este aniversario con claridad, con franqueza, como el Compañero Presidente, no para trazarle un ilusorio futuro, sin esfuerzo, sin abnegación, sino al contrario, para decirle al hombre de Chile, a la mujer de la Patria, al joven, que hay que trabajar más, producir más, estudiar más.

Cada estudiante un trabajador, cada trabajador un estudiante. Estoy cierto por lo que he visto y he vivido, por lo que me han enseñado ustedes, compañeros, en estas horas tan tensas que hemos vivido y aun vivimos, que el futuro es nuestro. Por difícil que sea, seremos capaces de alcanzarlo, porque hay esta voluntad revolucionaria, esta decisión de la inmensa mayoría del pueblo, de los trabajadores.

Si en lo económico tenemos como tarea la de realizar una política de guerra, debemos tener conciencia de que en el campo político hay que afianzar el poder de los trabajadores. Esta esta mayor garantía de la democracia, de la auténtica libertad y del pluralismo.

Es garantía de estabilidad y progreso para Chile. Es garantía de paz.

Lo hemos demostrado. La solvencia responsable de los trabajadores es la gran lección que Chile ha dado a muchos chilenos que no creen en el pueblo, y a muchos pueblos que no han creído que seríamos capaces de derrotar la insolencia imperialista y la amenaza fascista.

En lo político, hay que afianzar el poder de los trabajadores, en los centros de producción, en las empresas, en los fondos, en las comunas, y por cierto también en el Estado. Tenemos que pensar que hay una meta cercana, de importancia extraordinaria, que es marzo de 1973.

Sabemos perfectamente bien que esas elecciones son para el Ejecutivo, para el Gobierno, una prueba difícil, porque se renueva tan solo parcialmente el Senado.

Sin embargo, el pueblo es el árbitro supremo. El pueblo es el juez cuyo fallo es inapelable.

Estas elecciones se realizarán, y la palabra del Gobierno está empeñada en ello, con la más absoluta garantía para todos.

Pero cada hombre, cada mujer, cada joven, cada anciano de la Unidad Popular; cada mujer, cada hombre, partidarios de los cambios; todos aquellos que anhelan una vida distinta, deben comprender que en su acción y en su actitud, está la posibilidad de alcanzar una alta votación, que pueda significar por lo menos -y esto que puede parecer utópico para algunos, puede ser cierto si el pueblo lo comprende-, la mayoría en la Cámara de Diputados.

Hace poco, los opositores del Gobierno hablaban de obtener los dos tercios de la votación, y con ello alcanzar el espejismo de poder acusar al Presidente de la República y terminar con el Gobierno Popular por la propia vía constitucional. Vana ilusión: no podrán alcanzarlo.

Pero no basta esto. No basta el tercio que hoy tiene el pueblo. Debe el pueblo asegurar una alta votación, para demostrar que efectivamente somos, además de una fuerza social organizada de la clase obrera -en la Central Única de Trabajadores-, una fuerza electoral y una fuerza moral.

Ahora algunos, cuando han comprendido, sobre todo después de las demostraciones populares que se hicieron desde Arica a Magallanes el 4 de septiembre, la auténtica fuerza que tiene el Gobierno que presido, han tenido la audacia de negar la posibilidad electoral. Y en un documento político público han sostenido esta teoría; pero es una intención que no podrán materializar.

¡En Chile habrá elecciones! En Chile habrá elecciones limpias. En Chile el pueblo dará su veredicto y yo espero con tranquilidad el veredicto del pueblo. Por lo tanto debemos -desde el punto de vista político- garantizar las condiciones más favorables para el normal cumplimiento del Programa del Gobierno; y para ello es fundamental obtener una alta representación en la Cámara de Diputados y una justa representación en el Senado.

Necesitamos alcanzar las condiciones que aseguren el cumplimiento del Programa de la Unidad Popular, que permitan abrir las puertas para que pase el pueblo, y en su marcha triunfante, con sacrificios y con esfuerzos, vaya construyendo la sociedad del mañana, la sociedad socialista.

En este segundo aniversario me dirijo a ustedes, a todos los chilenos, a quienes no comparten nuestro ideario, a quienes no comprenden o no quieren comprender cuál es el fondo del motivo de nuestra lucha, para decirles que piensen, que mediten; que miren la historia de ayer y de hoy, y que comprendan que nada puede detener el derecho de las mayorías a luchar por una existencia distinta y mejor.

Me dirijo a todos los chilenos, para pedirles que en este instante de la agresión imperialista, sientan el orgullo de ser chilenos. Que tengan, con cariño y con pasión, la voluntad necesaria para expresar la fortaleza unida de un país que se levanta, materialmente pequeño, pero con la dignidad y la grandeza de un pueblo que lucha por sus derechos, por su independencia económica, y que concita la solidaridad de gobiernos y pueblos de distintos continentes, que no han sido renuentes en decir que la lucha de Chile es su propia lucha.

Me dirijo por último, en este aniversario, a los militantes y simpatizantes de la Unidad Popular, para señalar que tenemos conciencia de que hemos cometido algunos errores, y más de algunos. ¿Y quién no los cometió? Pero queremos que no se sigan cometiendo.

Hemos luchado y lucharemos para terminar con un burocratismo que a veces siga las mejores iniciativas.

Queremos eliminar el sectarismo, para lograr una auténtica expresión democrática, para poner los servicios públicos al alcance de todos, sin distinción de ideario político o de contenido ideológico. La salud, la vivienda, el trabajo, la alimentación y la educación, son derechos de todos los chilenos y nosotros luchamos para que los alcancen.

Quiero en este segundo aniversario, sobre todo, agradecer a la mujer chilena; a la que antes fue tan renuente a estar junto a su compañero en la lucha popular. ¡Como comprendemos el avance político alcanzado por ella, y cómo sentimos hoy que la familia de los revolucionarios es más compacta, porque no hay revolución sin la presencia de la mujer, sin la entrega de la mujer, precisamente en este proceso, dándole ella todo el contenido de su pasión de madre y su anhelo de querer una vida distinta para su hijo!

Quiero en este segundo aniversario, testimoniar una vez más mi gratitud a la juventud de nuestra Patria. No sólo a los jóvenes de la Unidad Popular -que harto han hecho ya, dando un ejemplo de abnegación en los trabajos voluntarios- sino que a miles de muchachos que no siendo de la Unidad Popular, traspasando las propias fronteras de sus tiendas políticas, demuestran un gran sentido nacional y una gran vocación patriótica.

Finalmente, reitero mi decisión irrevocable de servir con firmeza a Chile en esta hora dura, pensando en los que lucharon por darnos perfil de pueblo y asumiendo la tarea histórica de trabajar como lo han hecho; anónimamente, a lo largo de tantos años, miles y miles de chilenos, otros gobernantes y otros políticos.

Reitero mi decisión de luchar para que nuestro país avance en el progreso, para lograr una auténtica democracia política y económica; para alcanzar una auténtica justicia social; para quebrar y derrotar la injusticia del capitalismo y para darle a nuestra Patria el sentido y el contenido del humanismo socialista; para señalar que la preocupación básica y esencial de nuestro gobierno es el hombre y la mujer, que representan en sí mismos la familia; para poner la economía al servicio del hombre, y que éste no sea prisionero de ella; para darle al humanismo el sentido relevante que tiene en una sociedad en donde la explotación del hombre por el hombre ha terminado, y donde el hombre liberado será el creador de su propio porvenir.

Lo que hemos hecho no es poco. Nos falla mucho, pero mucho por hacer.

¡Hagámoslo con fe en nuestra tierra!

¡Que nos aliente el ejemplo de los próceres de la Patria!

¡Que nos impulse el calor de la sangre regada por los que lucharon antes que nosotros en el campo social!

¡Que nos obligue la confianza que el pueblo nos entregara, y que el pueblo tenga conciencia de que unido, nunca nadie podrá impedir su avance!

¡Venceremos!