XVI. - LA IDEOLOGÍA REPUBLICANA

"Luchamos por el derecho internacional, para que la constitución sea respetada, luchamos por una república democrática"; proclamaban Azaña, Largo Caballero, Negrín y Miaja.
"Luchamos por una república democrática parlamentaria, pero una república democrática de nuevo tipo, en la que las raíces del fascismo serán destruidas. La nuestra es una revolución popular. Nuestra guerra es una guerra nacional por la independencia", añadían José Díaz, Jesús Hernández y la Pasionaria[1].
¡Cuántas palabras, cuántas frases, cuántos engaños místicos para esconder las cosas! Señores Azaña, Caballero, Negrín, Companys, Díaz y Pasionaria, había que decir: "Luchamos para conservar el capitalismo sobre la base democrática, pues es solo en el marco de la democracia donde podemos ejercer nuestras profesiones de abogados, de diputados, de burócratas sindicales. Prohibimos a los obreros derrocar el régimen capitalista y hacer la revolución proletaria".
La mentira que adquiere la forma de camuflaje místico es inseparable del régimen capitalista. La burguesía no podría dominar un solo día sin engaño. ¿Puede un comerciante decir la verdad al cliente, decirle cuánto le ha costado la mercancía que quiere vender a un precio exorbitante? ¿Puede un capitalista enseñar su contabilidad a los obreros? ¿Por qué lo que es imposible para un capitalista individualmente, resultaría posible para la clase capitalista en su conjunto? El señor Capital tiene un hocico demasiado repugnante para mostrarlo en publico: se desacreditaría rápidamente.
Para existir, debe engañar, esconder sus verdaderos objetivos, que son inconfesables. Desde cubrirse con una máscara mística, sobre todo cuando asume la forma democrática que se apoya mas en el engaño que el fascismo, forma más abierta y más brutal de dominación del capital.

"Frente a la barbarie fascista, nosotros, los republicanos, representamos la cultura. Mirad a esos bárbaros, a esos fascistas, matan, asesinan a los niños, bombardean las ciudades abiertas, los lugares en los que no existe ningún objetivo militar. Matan a sus hermanos de raza, los españoles. Están vendidos al extranjero. Practican la guerra total, inspirados por la ideología prusiana. ¡No tienen conciencia, no tienen sentimientos, no tienen corazón!. Nosotros, los republicanos, somos diferentes, no podemos, por ejemplo, responder a los bombardeos de Barcelona o de Madrid bombardeando Sevilla y Burgos, habríamos mancillado nuestra bandera tricolor y republicana. Nosotros, nosotros si que somos verdaderos patriotas, nosotros no podemos orientarnos en base a la ayuda activa de la revolución proletaria, ni en base a la ayuda de los obreros del mundo entero. Deseamos vencer como verdaderos españoles, y es por ello que estamos dispuestos a retirar a todos los extranjeros, y los retiramos. Deseamos humanizar la guerra, y es por eso que invocamos constantemente a la Sociedad de Naciones; es por ello que nos alegramos de la formación de la Comisión Internacional contra los bombardeos de ciudades abiertas. Esta comisión no tiene mas que venir a Barcelona, a Valencia, a Granollers, y constatará que somos víctimas inocentes de las barbaras agresiones de la aviación fascista", etc... y así, sin fin.
Conocemos vuestro sonsonete y vuestros discursos, señores Azaña, Caballero, Negrín, Companys, Díaz y Pasionaria, no sólo los conocemos bien, sino que comprendemos su sentido y es el siguiente: "Frente al fascismo, arma violenta, barbara, es cierto, pero consecuente y lógica de defensa del capitalismo condenado pero que quiere sobrevivir, nosotros, demócratas, sólo somos unas gallinas mojadas. Nos comportamos como unos pequeños burgueses, es cierto, desearíamos la democracia, ¡pero tenemos miedo de Tí, Gran Capital! ¡Tú nos amedrentas con tu poder! ¡Andamos de puntillas ante ti, Becerro de Oro, pues tenemos miedo de despertar tu cólera!, cólera injustificada pues no somos más que republicanos, y no rojos. Si vamos a bombardear Sevilla o Mallorca, vendrán centenares y millares de aviones contra nosotros. Nos harán desaparecer de la faz de la tierra, nos asfixiarán. A pesar de nuestra nobleza, nuestro humanitarismo, nuestra lealtad, Chamberlain no quiere escucharnos y no nos cree cuando afirmamos que no somos rojos. ¿Qué pasará si empleamos toda la violencia contra Franco? Las democracias francesa e inglesa no tendrían la menor duda de que somos bolcheviques". "Nosotros, los pequeños burgueses, tenemos miedo de Ti, Gran Capital, te estimamos, pues te debemos todo: nuestros puestos en los Consejos de Administración, nuestra clientela de abogados... . Luchamos contra Franco, sí, pero tenemos miedo de que desaparezcas, Capital, porque una sociedad según nosotros, pequeños burgueses, ¿podría vivir si te ocurriese una desgracia fatal? Seria el fin de la civilización, la anarquía, el hundimiento de todo. Los obreros, los hombres que apenas saben leer y escribir nos darían órdenes a nosotros, hombres de ciencia y de cultura. Ya hemos visto esto cuando gobernaban los malditos comités, durante los primeros meses que siguieron al 19 de julio. Temblamos ante la idea de que esto pueda volver. Debemos pues imponernos ante la opinión internacional, es decir, ante la opinión que tú creas a golpe de millones, con nuestra moderación y dulzura cristiana con respecto a Franco".
Si los jefes del Frente Popular tuviesen este lenguaje claro y desvelasen sus verdaderas intenciones e ideas, educarían a los obreros, pero no podrían seguir siendo útiles al gran capital.
Echemos un vistazo a la actitud del gobierno republicano ante, por ejemplo, la cuestión de los bombardeos a las ciudades abiertas y veremos que nuestros demócratas eran ángeles... para el capital y su servidor, Franco.

A los bombardeos crueles y bárbaros de la aviación fascista, se podía y se debía responder con bombardeos de la aviación republicana de las ciudades en manos de los fascistas[2]. Es cierto que la guerra es en sí misma una cosa inhumana y abominable. Pero, si se la admite, hay que llevarla hasta el final utilizando todos los medios para vencer al adversario. Por parte del proletariado la guerra debe asimismo ser total, es decir, llevada hasta la derrota del enemigo. En represalia, el gobierno republicano prefería hacer un llamamiento a una Comisión que debía comprobar los bombardeos de las ciudades abiertas. La comisión, compuesta de honorables expertos ingleses, franceses, etc... vino a Barcelona y a Granollers. Contempló las ruinas y los escombros causados por la agresión aérea de la aviación fascista y constató que, efectivamente, las ciudades abiertas y los lugares en los que no había objetivos militares, habían sido bombardeados, y se marchó. ¿En qué podía esto consolar a las viudas y huérfanos de Barcelona y de Granollers? ¿Cómo se podían impedir nuevos bombardeos?
Con objeto de subrayar el contraste que había entre la ideología de las "gallinas mojadas" del Frente Popular y los métodos de la revolución rusa, citare aquí una frase de uno de los discursos de León Trotsky en 1918. No sé si es autentica y si fue realmente pronunciada por el organizador del Ejercito Rojo, o si fue simplemente una de las leyendas que se crean durante las revoluciones. En todo caso reflejaba el espíritu y la decisión revolucionaria bolchevique: "¡ Si este cielo debe brillar solamente para la burguesía, vamos a apagarlo!", Lo que quería decir: empleamos todos los medios para vencer a la burguesía. Pero los jefes demócratas del Frente Popular español no podían hablar ni actuar como hablaban y actuaban Lenin y Trotsky en 1917-21.
Es cierto que los procedimientos fascistas son especialmente bárbaros, y no podemos ni queremos imitarlos. Esos procedimientos se explican por la rabia de una clase condenada y que no quiere ceder su lugar a ningún precio. Por lo demás, el capitalismo, ya sea fascismo o democracia, está siempre dispuesto a invertir millones para provocar una carnicería si sus dividendos están amenazados. El corazón del capital es el metal amarillo.
Nosotros, los revolucionarios proletarios, no podemos ser bárbaros como lo son los fascistas. Además esta barbarie nos parece inútil y nos repugna puesto que somos portadores de nuevos valores humanos. Sin embargo, debemos ser tan decididos, tan audaces, como los fascistas. "Para vencer nos hace falta audacia, una vez mas audacia, siempre audacia", decía el gran estratega revolucionario Danton. Si bien el valor físico que llegaba al heroísmo sin parangón no faltaba en los combatientes del 19 de julio, en los combatientes del frente, les faltaba completamente la audacia política a los que pretendían dirigir la guerra antifascista
La lenidad de los dirigentes del Frente Popular con respecto al fascismo que se expresaba en todos los aspectos, no fue accidental.
Se deducía del conjunto de su naturaleza pequeño burguesa. La pequeña burguesía, clase intermedia entre el gran capital y el proletariado, las dos clases fundamentales de la sociedad contemporánea, no puede sino oscilar, al tirar de ella corrientes opuestas, no puede sino dudar, sobre todo cuando de lo que se trata es de oponerse al que le infunde respeto: el gran capital. Y era la pequeña burguesía, para ser más exactos los agentes pequeñoburgueses del gran capital, los que dirigían la guerra contra Franco. De ahí el carácter blando y lacrimoso de la ideología del Frente Popular. Para vencer a Franco era el proletariado, arrastrando tras de sí a la pequeña burguesía el que debía tomar la dirección de la guerra, pero para ello carecía de una dirección; es decir, de un partido revolucionario.
El pequeño burgués es nacionalista, su existencia económica se halla determinada por los azares de la competencia del mercado capitalista. Mira con odio y desconfianza a su rival, el tendero de enfrente. Nuestros dirigentes del Frente Popular pretendían hacer la competencia a Franco en el terreno del nacionalismo. Los stalinistas creían que era el último grito de la cordura. Pretendían superar a los fascistas en chauvinismo. Creían que eso era astuto. Sin embargo, es imposible. En Alemania, sus consignas de revolución social y nacional no han hecho sino llevar agua al molino de la demagogia fascista y han facilitado la penetración ideológica de Hitler. En España, en lugar de Hitler, los stalinistas han favorecido a Franco con su nacionalismo.

Franco ha hecho un llamamiento a los capitalistas extranjeros para salvar el régimen capitalista en España. Esto no es nuevo: La clase dominante identifica la patria con su dominación. Cuando sus intereses se ven amenazados, ya sea por su competidor imperialista o por la revolución proletaria, "la patria esta en peligro". Franco se ha aliado con los italianos, los alemanes, los portugueses, pero, ¿acaso los generales blancos no se aliaban con los capitalistas del mundo entero, o acaso el demócrata Miliukov[3], partidario decidido de la Entente[4], dudó en dirigirse a los alemanes y mendigar su ayuda contra los obreros de su país? Desde su punto de vista de clase, la burguesía tiene razón: lo esencial para ella es salvar su dominación y su régimen de explotación. El proletariado debe extraer, de ese "patriotismo" relativo de la burguesía, la lección siguiente: lo importante no son los conflictos nacionales sino la oposición de los intereses de clase. Nosotros, los obreros, debemos tomar ejemplo de la burguesía. Ella misma nos enseña que la patria es un mito. Debemos luchar para liberarnos económicamente junto a los obreros de todos los países. Es por esto, por otra parte, que la consigna de La IV Internacional no es "españoles, uníos" o "franceses, uníos", sino: "¡proletarios de todos los países, uníos!".
La ideología proletaria o es internacionalista o desaparece. El chauvinismo estalinista es una traición, pero es además inoperante frente al fascismo. No podemos superar en chauvinismo a Hitler o a Franco. Sin embargo, podemos asestar golpes mortales a la burguesía, utilizando el arma de la que ella no puede disponer, y que es el internacionalismo. El nacionalismo burgués tiene su base en el hecho de que el capitalismo se desarrolla dentro de los limites de las fronteras nacionales, el capitalismo significa competencia y, en el estado imperialista, la competencia de los trusts-estados capitalistas entre ellos. Otra cosa es el socialismo, cuyo triunfo no puede significar más que la destrucción de las fronteras nacionales y la creación de una verdadera sociedad internacional.
El partido comunista español ha propagado últimamente las siguientes consignas: "¡España para los españoles!" "¡Reconciliación nacional de los españoles!" "¡Fuera los extranjeros!" Pensaba, así, adoptando el lenguaje franquista, ganarse a la clientela fascista. Pero lo que ocurrió fue justamente lo contrario. Si un partido obrero puede, gracias a la vil demagogia nacionalista, ganar temporalmente influencia, a fin de cuentas será derrotado en este terreno, e ideológicamente no puede sino abrir, de este modo, paso al fascismo. No vale la pena ser comunista para cantar, por ejemplo, "La Marsellesa" y hacer el panegírico del Papa. Se puede hacer también con Kerillis y de La Rocque[5].
Al propagar el nacionalismo, los stalinistas y el Frente Popular en su conjunto han proporcionado un arma al enemigo y facilitando su propia exterminación. Los stalinistas se imaginan que sus fórmulas patrioteras pueden satisfacer a los pequeños burgueses imbuidos de nacionalismo. Se imaginan por ejemplo, que la fórmula nacionalista, pero conservadora de Stalin: "No queremos ni una pulgada de territorio extranjero, pero no cederemos ni una pulgada del nuestro", puede satisfacer a los patriotas pequeñoburgueses exaltados. Si se es nacionalista, si "se ama al propio país ante todo", no satisface la idea de conservar lo que la patria posee, sino que se quiere lógicamente aumentarlo, y se llega también a ser partidario de las conquistas. Ahora bien, si el Frente Popular prometía conservar lo que España poseía, Franco prometía crear un nuevo imperio. ¿No prometía acaso Queipo de Llano en sus discursos tomar Gibraltar a los ingleses? ¿Qué podían responder a esto nuestros nacionalistas de menor calibre del Frente Popular? ¡Que es preciso respetar los tratados y que Inglaterra es una gran potencia de la que se ha de mendigar apoyo! Es cierto que nuestros patriotas del Frente Popular recordaban siempre en su propaganda que Franco vende España a Italia y a Alemania, pero Franco podía recordar que nuestros demócratas estaban dispuestos a su vez a vender España a Inglaterra y a Francia, y que si este negocio democrático no se llevaba a cabo, era por falta de comprador. Azaña y Negrín estaban dispuestos a venderse, pero el capitalismo internacional democrático, rechazando la oferta del Frente Popular, se orientaba hacia el fascismo. Por lo demás, un nacionalista español podía fácilmente comprender a Franco: para luchar contra los "rojos" sin Dios (en España el nacionalismo va acompañado por el fanatismo católico) que amenazaban a la patria, ¿no se podía en el momento del peligro hacer concesiones a los italianos y a los alemanes?
Los stalinistas no pueden aventajar a los fascistas en el terreno del chauvinismo. La reconciliación de los españoles, es decir, la sumisión del proletariado a la burguesía, que tanto han predicado, se realiza ahora sobre sus huesos, pero desgraciadamente también sobre los huesos del proletariado español.
Liberar realmente a España de la opresión que ejercen sobre ella los capitalistas extranjeros, ingleses, franceses, alemanes, americanos, italianos, no podían hacerlo ni los fascistas ligados a Alemania e Italia, ni los demócratas del Frente Popular que se inclinaban hacia la dependencia de Francia e Inglaterra. Solo una clase que no tenga lazos económicos con el capitalismo internacional, y que se halle dispuesta a romper todos los tratados imperialistas, podía hacerlo. Esta clase se llama proletariado. Pero Azaña, Negrín y José Díaz no se orientaban hacia él, sino hacia Chamberlain y Pío XI.


[1] "República democrática parlamentaria de nuevo tipo, en la que se destruirán las raíces del fascismo" Sacado de un discurso de José Díaz. El "nuevo tipo" se parecía en realidad al viejo tipo, ya que para destruir las raíces del fascismo hay que destruir su fuente: el régimen capitalista. Cosa que estaba prohibida de acuerdo con José Díaz. (N.d.A.)
[2] La inferioridad numérica y cualitativa de la aviación republicana no basta para explicar los procedimientos humanitarios del Frente Popular. (N.d.A.)
[3] Miliukov: dirigente del partido "Kadete", representante de la burguesía liberal rusa (N. d. E.)
[4] La Entente era la alianza militar, dirigida por Francia y Gran Bretaña, y que incluía a Rusia, Serbia, etc., enfrentada en la primera guerra mundial a Alemania y Austria-Hungría (N. d. E.)
[5] Kerillis y de La Rocque eran dirigentes de la organización ultranacionalista y filofascista de Francia "Les Croix de Feu" (las cruces de fuego). (N. d. E.)

 

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