Leon Trotsky

LA GUERRA CON POLONIA

Informe a la sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, el Soviet de Moscú de diputados obreros del Ejército Rojo, y los dirigentes de los sindicatos y comités de fábrica, 5 de mayo de 1920

Camaradas, los frentes norte, este y sur surgieron de la Revolución de Octubre y la guerra civil. El frente occidental, sin embargo, lo heredamos de la vieja guerra imperialista con Alemania y Austria-Hungría. Y nuestra primera preocupación, las primeras palabras que pronunciamos, después de la Revolución de Octubre, estaban dirigidas a liquidar el frente que heredamos de la pasada guerra. Nuestra tarea consistía en lograr la paz. Nuestros maliciosos enemigos nos han reprochado hasta ahora que nosotros luchamos por la paz, que nos levantamos en nombre de esta paz, y aún así, por el contrario, todos los horrores de la guerra externa e interna descendieron sobre nuestro país. Pero esto simplemente muestra que la clase obrera encuentra la resistencia más feroz en su camino, y no puede cumplir con su misión sin una lucha intensa. Por la fuerza de las armas, por conflictos sangrientos, tiene que destruir los propios cimientos de ese orden que da lugar a conflictos sangrientos. La línea del frente occidental, que heredamos del zarismo, cambió más de una vez durante los tres años de la revolución, y sus cambios reflejaron grandes eventos que sacudieron a Europa y a todo el mundo. El gobierno de Kerensky trató de cambiar la línea del frente, por medio de su ofensiva condenada de antemano: esto solo condujo a la expansión del área ocupada por los alemanes. Tan pronto como el poder pasó a las manos de los soviets de obreros y campesinos tratamos de liquidar de una vez el frente occidental proponiendo la paz a los gobiernos austríaco y alemán. Todos ustedes recuerdan ese período trágico. Luego de las negociaciones de paz en las cuales propugnamos el programa de paz de la revolución obrera, nos encontramos obligados -debido a que éramos todavía muy débiles- a firmar la paz, el 3 de marzo de 1918, con el militarismo alemán, que era entonces el más poderoso de todos. En ese momento, la frontera estaba establecida a través de Yamburg, el este de Pskov y Polotsk.

Bajo el pesado casco del ejército de ocupación alemán, se fabricaron estados pseudo independientes. Estaba la Finlandia de Mannerheim, cuyo odio hacia nosotros poseía un carácter puramente social, capitalista-reaccionario, ya que, en lo que concierne a la cuestión nacional, el poder soviético reconoció la independencia de Finlandia, desde el primer día que empezó a existir y luchar. Estonia fue puesta en contra nuestra, un país contra cuya independencia nosotros nunca levantamos la voz, y también Letonia, Lituania y Bielorrusia, Polonia y, finalmente, Ucrania, que fue completamente ocupada hacia el 1° de mayo de 1918 por las tropas de los Hohenzollern, convocadas por la Rada de Kiev.

En ese período difícil, nuestra política hacia los estados limítrofes era la misma que hoy en día. No sólo reconocimos y sancionamos la independencia de Polonia, sino que sostuvimos esta independencia contra el todopode- roso militarismo alemán. Nuestra delegación en las negociaciones de Brest-Litovsk se negó rotundamente a reconocer como representantes de la Polonia independiente al gobierno de Kucharzewski, ese miserable agente de los buitres de Berlín. El imperialismo alemán necesitaba desesperadamente -sobre todo para poder influir a la opinión pública de sus propias masas trabajadoras- obtener nuestro reconocimiento, directo o indirecto, de ese régi- men opresivo de ocupación en Polonia, que era vendido como si se tratara de la autodeterminación nacional del pueblo polaco. En ese período los agentes de Hohenzollern ya estaban tratando de robarse esta fórmula de la Revolución Rusa para usarla como una cobertura para sus conquistas y opresiones. Éramos muy débiles como para ayudar a la Polonia oprimida con las armas. Pero estábamos con el pueblo polaco contra sus opresores, y contraponíamos nuestra verdad revolucionaria sobre Polonia a la mentira de los rateros de la diplomacia alemana. Sería absurdo e indigno de nosotros, un partido revolucionario, enorgullecernos del hecho de que no ayudamos a los Hohenzollern, ni siquiera por medio del silencio, a prostituir la fórmula de la autodeterminación para el pueblo polaco, en aquellos días en que, aparentemente, dependíamos de los Hohenzollern... Pero ¿puede caber alguna duda de que no hay otro gobierno en todo el mundo que se hubiera negado, encontrándose en circunstancias similares, a desempeñar este imponderable, aunque muy sustancial, servicio al imperialismo alemán consiguiendo a cambio una moderación de los términos del tratado de paz?

Posteriormente, cuando el conde Mirbach se vino a vivir a Moscú, y a veces se lo podía ver en un palco del Teatro Bolshoi, en las sesiones de los congresos de nuestros soviets no cedíamos ni una pulgada de nuestra posición. Mirbach nos solicitaba que reconociéramos, directa o indirectamente, que Polonia, oprimida bajo la bota de los Hohenzollern, era una Polonia independiente, autodeterminada. Le contestamos que nos encontrábamos obligados a conversar con los verdugos alemanes de Polonia, que podríamos conversar e incluso tal vez vernos obligados a firmar un tratado con el gobierno polaco, como agente del verdugo todopoderoso. Pero nunca, bajo ninguna circunstancia, acordaríamos decir que veíamos, en la Polonia crucificada por el imperialismo alemán, un pueblo libre, autodeterminado. A fines de 1918, en el aniversario de nuestra Revolución de Octubre, tuvo lugar una revolución en Alemania que tuvo y continúa teniendo una importancia inconmensurable para el destino frente occidental, como también para el destino de todo el mundo. Los estados limítrofes fueron sacudidos: sonó la hora de la liberación para Ucrania. La Rada de Kiev, a la que pertenecía Petliura y que había llamado a las tropas alemanas a entrar a Ucrania, ha dejado de existir desde entonces. Luego de hacer uso de ella, los alemanes se la quitaron de encima como ropa vieja, y designaron a su agente Skoropadsky. Él cayó luego de la caída de los Hohenzollern. Una oleada de revueltas se expandió por toda Ucrania. La camarilla de Petliura se quejó ante todo el mundo de que Ucrania había sido conquistada por las tropas de Moscú. Eso fue hace mucho tiempo, y desde entonces Ucrania ha visto muchos cambios. Pero, sin embargo, considero necesario afirmar que las tropas de Moscú casi no tuvieron parte en la liberación de Ucrania de los regímenes de Skoropadsky y Petliura. El establecimiento del poder soviético fue logrado por fuerzas guerrilleras, por revueltas espontáneas, hecho del cual puede verse claramente qué poder es verdaderamente popular y verdaderamente nacional en Ucrania.

Luego de Ucrania, todo el frente occidental comenzó a tambalear. Las fuerzas alemanas se desintegraron, fueron echadas y retiradas o, si permanecían, no ofrecían resistencia. Las fuerzas rojas regulares que constituían la delgada pantalla del frente occidental eran muy pocas en número y muy débiles. Entre ellas se encontraban letones rojos, estonios rojos y finlandeses rojos. Estas unidades avanzaron hacia el Oeste sin resistencia e incluso diría que sin dirección.

Para marzo de 1919, el territorio rojo se había extendido ampliamente hacia el Oeste, incluyendo a Riga y Vilna. Nuestro Ejército Rojo se encontraba muy atareado en ese momento, en el Este y el Sur, en forma alternada y simultánea. En el Oeste la oleada fue seguida por un reflujo, y el territorio rojo comenzó a encogerse.

Pero mientras se alteraba el contorno del frente occidental, mientras esta línea se quebraba en uno u otro lugar, la línea de nuestra política se mantuvo inalterable, basándose en el principio de la disposición completa, sincera e incondicional a aceptar la autodeterminación de los pueblos que habían sido parte del imperio zarista. Por supuesto, no nos fue fácil golpear con esta verdad en las cabezas de las clases pequeño burguesas y burguesas de esos países -y fue precisamente con ellas con quienes teníamos que tratar. Estaban demasiado acostumbradas a medir todo con el canon de sus propias visiones, simpatías y antipatías. Por esa misma razón ellos no creían en la sinceridad de nuestra intención de reconocer su independencia, y, precisamente por eso, apoyaban todo paso que se tomara en nuestra contra, cuando nuestra tarea era concentrar todas nuestras fuerzas en las necesidades económicas de nuestro país.

Luego de que los estados limítrofes pudieron, con la ayuda del imperialismo europeo occidental, crear sus propias fuerzas armadas, no sólo enviaron sus fuerzas en contra de sus propios trabajadores, ajustando cuentas cruelmente con ellos, no sólo purgaron un área considerable del territorio de la organización soviética sino que también avanzaron considerablemente hacia el Este. La línea del frente occidental se había alterado nuevamente.

En lo que concierne a Polonia, luego de que ésta ocupara Lituania, Bielorrusia, y una porción sustancial de territorio ucraniano y gran ruso, esto es, hacia fines del año pasado, parecía que se había llegado a un cierto equilibrio entre su apetito y su fortaleza. No conseguimos la paz con Polonia, pero las operaciones militares no se desarrollaron, consistiendo en acciones más o menos significativas de destacamentos de reconocimiento aislados. No hubo enfrentamientos serios. En ambos lados creció la convicción de que no habría guerra, de que la guerra había terminado y que pronto la diplomacia haría el balance y firmaría un tratado de paz que, bueno o malo, completo o a medias, significaría la paz. De esta manera, nuestro frente occidental vivía bajo el signo de una esperada pronta paz, y nuestra diplomacia soviética hizo de todo para acelerar la llegada de esta paz.

En esta reunión que habíamos convenido como un encuentro de guerra, como expresión de todo lo que es razonable y organizado del proletariado de Moscú, para poder publicar un llamamiento nacional a la guerra, considero necesario hacer el balance del último período del trabajo de nuestra diplomacia en relación a Polonia, los esfuerzos continuos que realizamos para establecer relaciones pacíficas con ella.

A través de todos los cambios en la relación de fuerzas y en la línea del frente en el Oeste, nuestra diplomacia se mantuvo en una misma y única línea revolucionaria, esto es, el reconocimiento de la autodeterminación de los pueblos que previamente habían sido sofocados bajo el yugo del zarismo ruso, y que, por esa razón, podrían desconfiar e inclinarse a sospechar de cualquier abuso por parte de Rusia. Sólo con dificultad, y con hechos, no con palabras, convencimos a nuestros enemigos que somos el único partido, el único estado, el único gobierno en el mundo que realmente reconoce la autodeterminación de los pueblos. Pero aquí también nuestros enemigos, Polonia incluida, dijeron: los bolcheviques no están unidos en esta cuestión, hay diferentes agrupamientos entre ellos. Los burgueses nos medían con la vara del Estado burgués, en el cual, indefectiblemente, existe un partido de guerra, que, a la manera de Luddendorf, subordina al gobierno de su país a su propia voluntad.

Aquí no hay partido de guerra, aquí se encuentra el programa claro y distintivo del Partido Comunista, cubierto con la sangre de decenas de miles de proletarios, y este es al mismo tiempo el programa de nuestro gobierno: este programa nos unifica y nos compromete a hacer, lo que hacemos, lo que servimos, en las palabras y en los hechos, con nuestra sangre y con nuestras vidas, en la clandestinidad, en las barricadas y en el poder. Desde la primera vez que la historia hizo añicos la opresión que el imperialismo alemán ejercía sobre los estados limítrofes, nuestra diplomacia comenzó a dar pasos para establecer relaciones pacíficas con ellos, y en no menor medida con Polonia. El primer gobierno polaco que se formó luego de la ocupación, el de Moraczevski, un chovinista pequeño burgués, se embarcó en una persecución enconada y salvaje contra la Rusia Soviética. En respuesta a nuestras propuestas directas de establecer una línea de demarcación, un armisticio y la paz, los agentes del gobierno de Moraczevski, como todos recordarán, el 2 de enero de 1919, asesinó a miembros de nuestra delegación, de la misión de la Cruz Roja [En diciembre de 1918, una misión de la Cruz Roja Soviética arribó a Varsovia, con el propósito de discutir sobre el problema de los "desplazados" rusos en Polonia. La misión estaba encabezada por un comunista polaco, Wesolowski, y el gobierno polaco la acusó de involucrarse en agitación política. Se le ordenó a la misión que abandonara Polonia, pero, mientras estaban emprendiendo el camino de salida, sus miembros fueron asesinados por su escolta de gendarmes polacos [NdeE].] , la más pacífica de las organizaciones, que estos gobiernos "cristianos", estos gobiernos "católicos", consideran bajo el estandarte de la cruz. Asesinaron a todos los miembros de la delegación, y a su cabeza, al camarada Wesolowski, uno de los fundadores del partido del proletariado polaco, un valioso, devoto, sacrificado y profundamente humano revolucionario y persona. Esa fue la primera respuesta del gobierno chovinista pequeño burgués de Moraczevski a los esfuerzos de paz de nuestra diplomacia. Y entonces, ¿cesaron los esfuerzos de nuestra diplomacia? ¡En absoluto! Con una paciencia y una sistematicidad que verdaderamente merecen el mayor reco- nocimiento, nuestra diplomacia no dejó escapar una sola oportunidad, día tras día, de enfatizar que la paz era posible y necesaria.

El gobierno de Moraczevski cayó. Fue sucedido por el gobierno abiertamente burgués de Paderewski. En un principio Paderewski parecía dispuesto a adoptar una posición diferente en relación a la Rusia Soviética. Un representante semioficial, Alexander Wieckowski, fue enviado a Moscú. El Comisariado para Asuntos Externos se sentó a discutir con él todas las cuestiones básicas de nuestras relaciones con Polonia. Wieckowski retornó a Varsovia. No hubo respuesta. Nuevamente surgió en Polonia una ola de desconfianza y odio burgués contra la Rusia Soviética -una ola de esperanza en los planes de Clemenceau, quien aún se encontraba en el poder en ese entonces, y de Lord [sic] Churchill, quien echaba espuma por la boca mien- tras nos amenazaba.

El 18 de abril de 1919, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Externos, nuevamente planteó la cuestión de las relaciones ruso-polacas. Por ese entonces, las tropas polacas, violando todas las llamadas "reglas de la guerra", se disfrazaron de soldados del Ejército Rojo, entraron en Vilna, y tomaron esta ciudad lituana. En ese momento, por supuesto, los chovinistas polacos pensaron que ellos era fuertes y que nosotros estábamos indefensos. Nuestra situación en los otros frentes era difícil. Consecuentemente, luego de tomar Vilna, la capital de Lituania, los guardias blancos polacos gobernantes consideraron que había llegado el momento de proclamar que ellos no hablarían con el poder soviético, que había violado todas las convenciones internacionales -esto lo dijeron ellos, que habían asesinado a nuestra delegación de la Cruz Roja, ellos, que habían disfrazado a sus Legionarios para capturar Vilna de una forma vil.

El 22 de diciembre de 1919, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Externos presentó al gobierno polaco una propuesta abierta y formal, en forma telegráfica, para entablar negociaciones de paz. El camarada Chicherin usó para este propósito las declaraciones del viceministro de asuntos externos, Skrzynski, quien descarada y falazmente afirmó en el Sejm que el gobierno soviético nunca planteó ninguna propuesta de paz a Polonia. El 22 de diciembre el camarada Chicherin dirigió una nota formal a Polonia vía telegráfica, y todo el mundo la leyó. Sin embargo, no hubo respuesta.

El 28 de enero de 1920, más de un mes después, se envió un nuevo llamado al gobierno y al pueblo polacos, con la firma del presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, del comisario del pueblo para Asuntos Externos, y del comisario del pueblo para Asuntos Militares. Este llamado, perfectamente formal y preciso, incluía entre sus propuestas: primero, la confirmación de la nota del 22 de diciembre del camarada Chicherin; segundo, una declaración categórica de que sosteníamos que el territorio de Polonia era inviolable; y, tercero, el anuncio de que mientras esperábamos la respuesta del gobierno polaco y teníamos esperanzas de armisticio y paz, le ordenábamos a nuestras tropas no cruzar una línea determinada. Esta línea estaba definida: era la línea en la que nuestras tropas se encontraban en ese momento. Además, declarábamos en nuestra nota que no habíamos hecho ningún acuerdo, pacto o tratado secreto, ni con Alemania (lo cual Polonia temía), ni con ningún otro país que pudiera tener intereses, directos o indirectos, contra Polonia. Finalmente, concluíamos el documento con una declaración de que, entre Rusia y Polonia, no había ninguna cuestión en disputa que no se pudiera resolver pacíficamente, por medio de negociaciones diplomáticas, o, en tanto y en cuanto que lo que había estado en disputa eran cuestiones de territorio, a través de un plebiscito. Ese fue el documento que publicamos. Tampoco nos detuvimos aquí. Sin esperar la respuesta polaca, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia había aprobado y ratificado, en su sesión del 2 de enero, el llamado que habíamos dirigido al gobierno y al pueblo polacos, y publicamos una declaración en la que se formulaban de manera clara y distintiva las intenciones y deseos pacíficos de Rusia hacia la república polaca nuevamente.

Así, el 28 de enero, enviamos nuestra nota. Pasaron dos meses antes de que el gobierno polaco, bajo la presión de las masas trabajadoras polacas, se viera obligado a dar una respuesta formal a nuestra nota. El 27 de marzo, Patek, el ministro de Asuntos Exteriores polaco, propuso que las conversaciones comenzaran en Borisov, esto es, en una población capturada por los polacos, en la zona adyacente al frente. Nuestros diplomáticos respondieron inmediatamente el 28 de marzo, es decir al día siguiente, proponiendo, primero, un armisticio inmediato, como una condición necesaria para las conversaciones de paz, y, segundo, que las conversaciones se realizaran en territorio neutral, sugiriendo Estonia. El gobierno burgués polaco rechazó categóricamente acordar un armisticio general, y propuso que el armisticio se circunscribiera a un pequeño sector alrededor de Borisov. En otras palabras, el gobierno polaco nos dijo: "No habrá armisticio en el frente. Mientras negociamos continuaremos avanzando. Aquí está la pequeña población de Borisov, que les hemos arrebatado. Les ordenamos que se presenten en este lugar. Aquí, alrededor de Borisov, arreglaremos un armisticio para su beneficio (tres sazhens a la derecha, tres sazhens a la izquierda) pero en otros sectores, si así lo deseamos, avanzaremos". Me han contado que el periódico británico archiburgués y archihostil a nosotros, The Times, escribió que esta demanda no tenía precedente y que eran condiciones inéditas. Sólo una "Excelencia" bárbara, borracha de victoria, con su pie sobre el cuello de un enemigo postrado, podría hablar así. Pero no estamos postrados, estamos y seguiremos estando parados firmemente sobre nuestros pies. Sentimos un fuerte disgusto por la estupidez insolente del refinado salvajismo de Varsovia pero, no obstante, nuestra diplomacia no se dejó llevar por los sentimientos, y sólo escuchó a la voz de la razón. Con palabras calmas, que incluso irrita- ron a algunos camaradas -exclamaban: "¿Cómo podemos responder a pro- vocaciones tan insolentes con un tono tan plácido?"-, nuestros diplomáticos explicaron que no podíamos acordar en Borisov. ¡Esto no se trataba de una cuestión de prestigio, camaradas! Ustedes saben perfectamente que nosotros despreciamos lo que la diplomacia burguesa llama prestigio. Para nosotros todo lo que importa son los intereses de las masas trabajadoras. Si se nos presentara la oportunidad de acercar la paz por 24 horas, o incluso por 24 minutos, ningún prejuicio de "prestigio" se interpondría en nuestro camino. Pero aquí la cuestión no se trataba del prestigio. ¿Cómo podríamos permitir a un enemigo, armado hasta los dientes y todavía combatiendo, elegir los lugares donde habrá o no habrá un armisticio? Y si, para poder responder a un enemigo que continuaba avanzando, necesitáramos dar un golpe en dirección de Borisov, ¿le íbamos a permitir al enemigo que nos ate de pies y manos? Es bastante obvio que había que rechazar esta demanda. No obstante, tratamos de complacer al gobierno de Varsovia. Propusimos no sola- mente a Estonia (a cuyo gobierno habíamos pedido permiso para organizar una conferencia de paz en suelo estonio, y del que recibimos una respuesta cortés) como punto de reunión para las conversaciones de paz, sino también propusimos Petrogrado, Moscú o Varsovia. Más aún, ni siquiera insistimos en un armisticio general. Esta propuesta fue rechazada sin explicación. El 7 de abril el gobierno polaco respondió que no entablaría una nueva discusión con nosotros sobre el lugar en el cual tendrían lugar las negociaciones. ¡Un caso sin precedentes en la historia, incluso en la visión de The Times, cuando el gobierno de un país que lucha en contra nuestra exige, en un ultimátum, que conduzcamos las negociaciones en una población que nos ha arrebatado, y que se encuentra casi en la línea del frente! ¡Cuando proponemos otras localidades -nuestras, polacas o neutrales- ellos responden: no vamos a negociar con ustedes el lugar donde se llevarán a cabo las negociaciones!

¿Qué hicieron nuestros diplomáticos? No perdieron la cabeza. No se desviaron de su línea. El 23 de abril le anunciaron a todo el mundo, en una carta abierta, que acordarían en cualquier país neutral, Petrogrado, Moscú o Varsovia; Londres o París, o cualquier otro en el área bajo ocupación polaca. Si quieren que sea Grodno, está bien; si quieren que sea Byalistok, está bien, que sea Byalistok. Sólo que no debe ser una localidad de la zona de operaciones militares. Esa fue la propuesta enviada por nuestros diplomáticos en respuesta. No hubo ninguna respuesta. Nuestros diplomáticos se dirigieron con nuestra propuesta a la Entente, a Gran Bretaña y Francia, quienes están detrás de Polonia, y les pidieron que intervengan, si deseaban la paz y relaciones comerciales con nosotros. Ninguna respuesta. Los aventureros de Varsovia deseaban la guerra a cualquier costo. Mientras tanto, Pilsudski, el "Jefe de Estado", como se llama a sí mismo, y Comandante en Jefe del ejército polaco, estaba reuniendo sus divisiones y preparando su mascarada petliurista para conquistar Ucrania. Al tiempo que introducía a Petliura -ese distinguido señor de la guerra de la feria de Sorochintsy ["La feria de Sorochintsy" es un relato de Gógol (en la colección Noches en una hacienda cerca de Dikanka), llena de personajes cómicos ucranianos: Musorgsky basó una ópera en esta historia [NdeE].] - en el negocio, Pilsudski probó ser como un verdadero alumno de los imperialistas alemanes, incluso hasta en la repetición servil de los detalles. Cuando, en la primavera de 1920, los alemanes decidieron saquear Ucrania, eligieron como su pantalla, como su hoja de parra, a un consorcio miserable llamado Rada de Kiev. Petliura pertenecía a este conjunto, y en aquellos días fue una herramienta servil en las manos de los Hohenzollern y los Habsburgo. Luego de que los imperialistas alemanes hubieron usado a Petliura, desecharon a este ridículo dictador de la comedia musical ucraniana, como un andrajo que ya no necesitaban. Cuando cayó Skoropadsky, Petliura vendió sus servicios a la Entente, y usó su dinero para formar a sus bandas. Sin embargo, la revolución soviética en Ucrania pronto lo barrió. Ahora, cuando Pilsudski, acicateado por los mismos predadores imperialistas, se ha propuesto esclavizar Ucrania, se esconde detrás del mismo Petliura. Y el miserable "hetman", que se vendió a los generales austroalemanes y los imperialistas anglofranceses, tampoco ha fracasado, por supuesto, en la venta de sus servicios a la aristocracia polaca. Luego de que Pilsudski tomara Mozyr, Kalinkovichi, Ovruch y Rechitsa, en marzo, el 23 de abril abrió la ofensiva sobre el frente Volhynia-Kiev, tomando Zhitomir y Zhmerinka, y dirigió sus principales fuerzas hacia Kiev. Actualmente, las fuerzas polacas están amenazando directamente a Kiev y a la totalidad de Ucrania, y por lo tanto también a la Rusia Soviética, que está ligada a Ucrania en unidad espiritual, material y militar.

Habiendo irrumpido como un lobo salvaje en Ucrania, Pilsudski lanzó un astuto manifiesto que se suponía debía explicar que él no estaba estrangulando a Ucrania sino liberándola. Fue con la misma receta que Guillermo II liberó a Ucrania dos años atrás. A cambio de la ribera derecha de Ucrania, donde Pilsudski promete establecer el dominio de Petliura (sólo los tontos pueden creer esto), Petliura entregará a Pilsudski los territorios que yacen al oeste de la línea del Zbruch y el Styr, o el Goryn [El río Zbruch, tributario del Dniester, era la antigua frontera entre Austria (Galitzia Oriental) y Rusia (la ribera derecha de Ucrania). El Styr y el Goryn son dos ríos en Polesia, al este de Pinsk: separados por alrededor de 50 kilómetros, corren hacia el Norte hasta el Pripet. En el acuerdo entre Pilsudski y Petliura el 21 de abril de 1920, se estableció que el destino de los distritos de Rovno, Dubno y Kremenets, que se encontraban entre estos ríos, debía ser resuelto en un tratado posterior más preciso [NdeE].] , esto es, toda Galitzia Oriental, Volhynia Occidental, Polesia y el distrito de Kholm. Este territorio comprende más de 100.000 verstas cuadradas, con una población de siete millones y un cuarto, de los cuales los ucranianos, bielorrusos y gran rusos llegan a cinco y un cuarto millones. Así, en esta feria de Sorochintsy, el gran señor de la guerra Petliura está vendiendo a cinco millones de ucranianos a la aristocracia polaca a cambio de la promesa de esta última de transformar a Petliura en su guardián de la ribera derecha de Ucrania.

Este repugnante pacto será resistido no sólo por el proletario y el obrero agrícola, no sólo por el campesino medio de la provincia de Kiev, sino incluso por el kulak ucraniano que vive en la margen derecha del Dnieper: el kulak más atrasado en todo sentido. Esto significará una ola de protesta e indignación que involucrará al 99% de la población. Esta protesta inevitable contra Petliura y su amo Pilsudski, con el rifle en la mano, es una garantía completa e incuestionable de que la victoria será nuestra en la dura y pesada lucha que se levanta ante nosotros.

Sí, la lucha será dura. El ejército polaco no es pequeño. Se formó con gran esmero durante el último año. Posee una considerable reserva de mano de obra. Dentro de las actuales fronteras de Polonia hay 35 millones de personas. Es cierto que sólo poco más del 38% de ellos son polacos, y este hecho -el régimen coercitivo de la aristocracia polaca no sólo sobre sus propios obreros y campesinos sino también sobre masas de gentes de otras nacionalidades- tendrá, por supuesto, un efecto desintegrador sobre el ejército polaco. Pero eso se manifestará -de la misma forma que lo harán las contradicciones de clase, que son muy agudas en Polonia, y que también tendrán un efecto decisivo- sólo luego de que apliquemos un golpe contundente.

La clase obrera polaca no quiso y no quiere la guerra. Los campesinos polacos han recibido sólo migajas del nuevo régimen, el régimen de Pilsudski y sus aliados aristocráticos -o, más correctamente, sólo han recibido la promesa de migajas. No pueden apoyar a este régimen por mucho tiempo; no pueden entusiasmarse con una guerra que les ocasionará mayores impuestos estatales, y, si se prolonga, los reducirá a la pobreza absoluta, al agotamiento completo.

Todo esto está fuera de duda, pero no está aún del todo claro para los campesinos polacos. Los prejuicios nacionales aún son fuertes entre ellos.

Luego de una larga época de opresión, Polonia ha sido, hasta ahora, una república independiente por un tiempo demasiado corto. El sentimiento nacional todavía está muy fresco, el período de luna de miel de la independencia estatal aún no ha acabado, y es sobre estos sentimientos que el "Jefe del Estado polaco", Pilsudski, está basando su política. Tampoco están agotados los sentimientos de desconfianza y odio sentidos por las masas campesinas más atrasadas hacia Rusia y lo ruso, porque en sus cabezas y en sus recuerdos "Rusia" y "ruso" significan "Zar"y "zarista". Este es el capital histórico del cual Pilsudski espera obtener intereses.

Así, una extensa reserva de hombres, viejas tradiciones nacionales, ahora renovadas por la creación de la república, y una actitud de suspicacia de larga data hacia Rusia y todo lo ruso -esos son los elementos que constituyen ventajas que inclinan la balanza en favor de Pilsudski y las fuerzas que lo respaldan.

Pero, viéndolo en forma más amplia, su régimen es débil internamente, y no sólo en sus rasgos básicos sino también en muchos detalles, recuerdan al de Kerensky. La incertidumbre y la discordia gobiernan en todos los altos mandos de la oficialidad del ejército. Hay dos organizaciones diferentes entre ellos: los oficiales que apoyan a Pilsudski, y los oficiales que apoyan a los Nacional Demócratas -los equivalentes polacos de nuestros kadetes y octubristas. Estas dos organizaciones están enfrascadas en una hostilidad mutua. Los obreros están descontentos. Los campesinos están descontentos. Estos son todos factores de amargo conflicto, tanto entre los círculos dirigentes como entre ellos y los niveles inferiores en rebelión. Pero todos estos factores fructificarán como el resultado final, la coronación, de nuestros mayores esfuerzos. Sería un profundo error suponer que la historia empezará abriendo ante nosotros la revolución obrera polaca, desligándonos de esta manera de la necesidad de librar una lucha armada. No. En tanto que amplias masas del campesinado y la pequeño burguesía piensen que la Entente lo es todo, que la Entente irá por todo, que la Entente quiere la guerra junto con Polonia, y que, para poder preservar su independencia, Polonia está obligada a combatir contra nosotros, si no por motivos internos entonces por fuerzas exteriores -en tanto esta visión, diseminada y apoyada por los periodistas amarillos de Polonia, ejerza una influencia sustancial, no tenemos otra salida más que demostrar que, además del poder de la Entente, existe otro poder, el poder de los obreros y campesinos rusos, el poder de nuestro Ejército Rojo, y que cualquier violación de las fronteras de la Rusia Soviética y la Ucrania Soviética se encontrará con una respuesta despiadada.

Hoy, camaradas, en estas semanas en que la clase obrera de Rusia, cansada, subalimentada, ansiosa de dedicarse al trabajo pacífico, nuevamente se dirige a realizar tareas de guerra, levantándose para propinar una respuesta sin compasión a la aristocracia polaca; en este período en nuestro país todo aquel que tiene honor, racional y decente, incluso si no acuerda con nuestro programa social y nuestros métodos de acción, debe reconocer que la única fuerza que ahora defiende la independencia del pueblo ruso y el futuro de Rusia es la clase obrera rusa, es el gobierno de dicha clase, el poder soviético comunista. Y esa es la razón por la cual, camaradas, muchos que ayer eran nuestros enemigos, y que hoy son todavía nuestros oponentes sobre razones de principio en lo que concierne a lo social, lo religioso y otras cuestiones, se ven obligados a hacer una reverencia ante el gran rol que ahora está jugando la clase obrera, como el pivote del cual depende nuestro país y sin el cual caería al abismo. Citaré un ejemplo aquí, un hecho sobre el cual sólo se me preguntó en una nota escrita: el ejemplo de un general que jugó un gran rol en la época del zarismo y que bajo Kerensky era Comandante en Jefe Supremo, un hombre que por su edad y educación no es uno de los nuestros, Brusilov. Envió una carta al Jefe del Estado Mayor de toda Rusia diciendo que el gobierno anterior había cometido un serio error al negar la independencia al pueblo polaco, y que el gobierno soviético había actuado correctamente al reconocer dicha independencia. Sin embargo, dijo, desde el momento en que Polonia -hubiera sido más correcto decir, la burguesía polaca, que se postraba ante el gobierno anterior, lamiendo su mano, pero que ahora quiere arrancarle la garganta al pueblo ruso- desde ese momento, dice Brusilov, se ha vuelto el deber de todo ciudadano ayudar al poder soviético. Y propone que se convoque un comité asesor -no, por supuesto, para tomar el comando, como temen algunos- no, un comité militar asesor autorizado que se pondrá a trabajar en cuestiones de suministros, refuerzos, entrenamiento de comandantes, mejor uso de los ferrocarriles, etc.

Brusilov es un hombre de otra época, de una escuela diferente, e indudablemente sostiene puntos de vista que han sido desterrados entre nosotros. Pero desde el momento en que él declara francamente, honestamente y con coraje que quiere ayudar a la clase obrera rusa con su conocimiento y experiencia, nosotros le decimos: bienvenido. En este terrible conflicto aceptaremos el apoyo y la ayuda de todos los ciudadanos honorables.

Estamos en contra de lo que los alemanes llaman Burgfrieden, es decir, "paz civil". Estamos en contra de la paz entre el proletariado esclavizado y la burguesía facinerosa. Dijimos: "¡ninguna paz civil, guerra civil!" Pero cuando la clase obrera está luchando por su independencia y libertad, y cuando representantes de otras clases sociales, que ya han sido despojados de sus ventajas y privilegios, reconocen la dirección de la clase obrera y van en su ayuda, decimos que aceptaremos dicha ayuda, les damos la bienvenida y hacemos uso de ella lo más que podemos.

Camaradas, me gustaría que se lleven como conclusión principal de esta reunión el pensamiento de que la lucha que nos queda será intensa y dura.

La burguesía polaca sabe que, al atacarnos, ha puesto en riesgo todo su destino. Todos los que se encuentran tras ella saben que la Polonia blanca, opresora del proletariado polaco que está ligado con el proletariado de Moscú y Petrogrado por décadas de lucha revolucionaria conjunta, que esta Polonia blanca trata de erigir una barrera entre nosotros y Europa. La aristocracia polaca dice que los rusos, aquellos bárbaros y escitas [ "Escita: miembro de un pueblo nómade originalmente de raza iraní que emigró de Asia Central a la Rusia meridional en los siglos VIII y VII A.C. Centrados en lo que hoy es Crimea, los escitas fundaron un imperio rico y poderoso que sobrevivió durante varios siglos antes de sucumbir ante los sarmacianos desde el siglo IV A.C. hasta el siglo II D.C. Mucho de lo que se conoce de la historia de los escitas procede de los relatos hechos por el historiador griego antiguo Herodoto, quien visitó su territorio." (Encyclopaedia Britannica 2002) [NdeC].] , deben ser arrojados nuevamente hacia el Este. Pero estamos luchando por llegar al Oeste, para reunirnos con los obreros europeos, quienes saben que sólo podemos unirnos con ellos sobre el cadáver de la Guardia blanca polaca, en una Polonia obrera y campesina libre e independiente.

La lucha será terrible. Pero si me preguntan sobre el resultado probable de esta lucha, les digo que nunca estuve tan seguro como ahora de que saldremos victoriosos y de que finalmente aplastaremos al enemigo. Hemos estado combatiendo por dos años y medio sin interrupción, y en ese período hemos aprendido algo. Hemos tenido y por supuesto continuaremos teniendo retrocesos, como los que sufrimos en Zhitomir, y tal vez más serios que aquellos. En el frente occidental, que era un frente secundario para nosotros, y en el cual nuestros diplomáticos llevaron adelante negociaciones por mucho tiempo, no fue difícil para Pilsudski golpearnos. Pero poseemos reservas y refuerzos. Cuando mutamos nuestro ejército de una posición de guerra a una posición de trabajo económico, estábamos enrollando nuestras fuerzas armadas, transformando la madeja en una bola. Pero si nuestros enemigos, viendo nuestra reorganización, decidieran que esto ocurre porque estamos agotados y nos queremos rendir, entonces haremos el proceso inverso y desenrollaremos la bola hasta volver a la madeja. Ciertamente, esto ya se está haciendo. Nuestros ferrocarriles, alimentados con semillas de girasol, y reforzados por miles de obreros, han estado trabajando con redoblada energía. Nuestros regimientos laborales se están moviendo hacia el frente occidental. Sin dudas, en estos regimientos escasea el elemento que es la sal de nuestro ejército: los obreros avanzados. Nos ha pasado más de una vez que un regimiento joven, políticamente inmaduro, ha fracasado en demostrar suficiente vigor y fuerza, pero era suficiente con añadirle sólo un puñado de nuestra sal, es decir, un grupo de obreros comunistas, para conseguir un resultado totalmente diferente en muy poco tiempo. Por lo tanto estamos proclamando una movilización del partido, con la advertencia de que la lucha será dura y radical. Hemos tomado todas las medidas para asegurar nuestras necesidades para la campaña de invierno que se aproxima, especialmente en lo que concierne a los suministros. Nuestra primera orden se llevó a cabo. Los comunistas de Petrogrado, que ya están aquí entre nosotros, están partiendo hoy para el frente. El próximo turno es el de los moscovitas, y el del resto del país. ¡Comunistas, al frente occidental!

Apartados una vez más del trabajo económico, arribarán al frente occidental y les dirán a las varias decenas de miles de soldados del Ejército Rojo, obreros y campesinos, que se han reunido y que se reunirán allí: nosotros, los proletarios de Moscú y Petrogrado, hemos llegado hasta ustedes como enviados desde el corazón mismo de nuestro país, porque este corazón está bajo la amenaza de la aristocracia y la burguesía polaca. Hermanos campesinos, no hemos derramado nuestra sangre en nuestro país para que ahora nos arrodillemos como esclavos ante la fuerza, para doblar nuestros cuellos servilmente bajo el yugo de Pilsudski y sus poderosos amos. Si la aristocracia polaca ha buscado la guerra, si nos han obligado a la guerra, entonces esta guerra, con todas sus iras y calamidades, caerá sobre sus cabezas, y la victoria será nuestra, la victoria de la Rusia de los trabajadores.

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Este informe completo fue repetido el 10 de mayo de 1920 en una reunión en Gomel, y fue dedicado a los cursos de comando de Minsk, en recuerdo del choque ante Rechitsa. Tal como se dio en Gomel, este discurso culminó con las siguientes palabras:

La población de Gomel, que se encuentra casi a la vista de nuestro frente, es una de las poblaciones que está potencialmente en peligro. Para que este peligro potencial no se vuelva real, nuestro frente necesita dotarse de una retaguardia firme y confiable. La aristocracia polaca tiene varios agentes en nuestro país. No hablé ni fútilmente ni en broma sobre aquellos partidarios de Pilsudski o Petliura que incluso podría haber aquí, en pequeñas cantidades. Operan sobre los ferrocarriles, difunden mentiras, veneno, calumnias y provocaciones entre los obreros, campesinos y soldados rusos.

Estos espías tratan de causar daño en todas partes, donde puedan y como puedan hacerlo. Nuestra tarea, el deber sagrado de todos los ciudadanos honorables, bajo estas condiciones difíciles, es ayudar al Ejército Rojo de todas las formas posibles. Debemos mantener una mirada atenta sobre las actividades de las personas sospechosas, los agentes de Pilsudski y la contrarrevolución, y hacer caer sobre ellos el puño implacable del tribunal revolucionario en cuanto sean hallados culpables de atacar o dañar a la república obrera y campesina.

Hoy, camaradas, estuve ante Rechitsa. Allí, en nuestro frente, me conta- ron las atrocidades indescriptibles que han sido cometidas por los oficiales de las Guardias blancas polacas y los kulaks sobre los soldados del Ejército Rojo capturados y heridos. Ellos no reconocen ya el status de prisioneros de guerra. Están colgando no sólo a los comunistas sino también a cualquier soldado ordinario del Ejército Rojo no partidario que cae entre sus manos, están exterminando incluso a los heridos y enfermos. Camaradas, pregunté si esto no era una exageración, una calumnia -porque uno no debe calum- niar ni siquiera a un enemigo. Ellos me dijeron: "venían más y más, todo el tiempo, otros combatieron aquí -todos son hombres dignos de crédito, todos han visto, y todos confirman, estas terribles atrocidades."

¿Cómo hemos respondido a esto? Desde el Consejo Militar Revolucionario de la República hoy hemos publicado una orden a todas las tropas del frente occidental de no tomar revancha de todos estos abusos en la persona de los prisioneros polacos indefensos. Si tomamos un prisionero obrero o campesino polaco, camaradas, que le sea cortada la mano a aquel soldado del Ejército Rojo que empuñe un cuchillo contra cualquiera que se encuentre capturado, desarmado, enfermo o herido. Combatimos sólo contra hombres armados. ¿Por qué la aristocracia polaca fusila a nuestros obreros y campesinos que toman prisioneros? Porque saben que un honora- ble soldado del Ejército Rojo siempre se mantiene como un enemigo jurado de los magnates y los agresores. Pero si nos sentamos al lado de un obrero o campesino polaco que hemos tomado prisionero, y le mostramos nuestra verdad, contra las mentiras de Pilsudski y sus magnates, entonces ese obrero o campesino polaco se transformará, en unas pocas semanas, o en algunos días, en el enemigo más acérrimo de Pilsudski. De esta forma transformamos en revolucionarios a los soldados alemanes que luego se rebelaron contra Guillermo, y también a los soldados austríacos y húngaros, y a los soldados de Kolchak y Denikin. Todos pasaron por nuestra escuela.

Nosotros no fusilamos a nuestros prisioneros, sino que los transformamos en combatientes concientes. Por lo tanto, también los legionarios polacos, los obreros y campesinos polacos que tomemos prisioneros, no deben sentir el miedo y la crueldad -no, debemos darles la luz del comunismo, la luz de nuestra doctrina de la hermandad de todo el pueblo trabajador. Mientras ellos han llegado hasta nosotros bajo la bandera amarilla del imperialismo saqueador, nos dejarán bajo la bandera roja del comunismo y la revolución.

Necesitamos una lucha sin cuartel en la batalla, y magnanimidad hacia el enemigo cautivo. Odio implacable hacia los magnates y capitalistas y la mano tendida de amistad hacia las masas trabajadoras polacas. No permitiremos a nadie que se entrometa con nuestros derechos, pero no pondremos una mano sobre la independencia del pueblo polaco. Y creemos, sabemos, que la república polaca saldrá de esta guerra diferente de como entró.

Por siglos nuestro país, Rusia, estuvo bajo una bandera en la que aparecía un águila bicéfala. ¿Cuál era el significado de esas dos cabezas? Una de ellas mordía y despedazaba al pueblo trabajador ruso, mientras que la otra se dirigía hacia las zonas fronterizas -hacia los polacos, los lituanos, los estonios, los finlandeses- y amenazaba a otros pueblos más allá de las fronteras rusas. Esas eran las dos cabezas del águila depredadora zarista. Hemos cortado ambas cabezas, vivimos hoy bajo una nueva bandera, en la que aparece una hoz y un martillo, los símbolos del trabajo -y el trabajo lleva al pueblo a la hermandad.

La república polaca no es una república del trabajo; no, es una república de la burguesía y la aristocracia. Su emblema muestra un águila blanca: es cierto, un águila de una sola cabeza, pero esta es la cabeza de un ave de rapiña, que gira tanto a la izquierda como a la derecha, para morder y despedazar tanto a su propios obreros y campesinos polacos así como a los ucranianos y bielorrusos. Esta águila blanca ya está toda cubierta de sangre. Y nuestra tarea ahora es la de cortar la cabeza de la predadora águila polaca, y por lo tanto ayudar a los obreros y campesinos polacos a elevar sobre la república polaca una bandera que desplegará, igual que la nuestra, los símbolos del trabajo. Y entonces no habrá enemistad entre Polonia y Rusia. En vez de esto habrá unidad y hermandad. Y todos podremos dedicar toda nuestra fuerza a un trabajo tranquilo, pacífico y honesto. Y entonces sacaremos a nuestro país de la pobreza, el desorden, la indigencia y la enfermedad, lo transformaremos, por medio del trabajo de cientos de miles de obreros y campesinos, que ahora están derramando su sangre en los frentes, en un jardín floreciente, donde el pueblo, entre la prosperidad y el trabajo tranquilo y feliz, goce del placer de la ciencia y el arte, y crear mejores condiciones para las generaciones venideras, para que toda la humanidad pueda transformarse, al fin, en el amo verdaderamente libre de nuestro planeta.

Es por esa causa, camaradas, que ahora debemos dar una respuesta a la aristocracia polaca. ¡Y esa respuesta se la daremos! Nos han desafiado, y pelearemos esta guerra hasta el fin. "Es por nuestra libertad y por la de ustedes", les decimos a los obreros y campesinos polacos, "que estamos avan- zando para encontrarlos" ¡Larga vida a la Polonia de los obreros y los campesinos! ¡Larga vida a la Rusia de los obreros y los campesinos! ¡Y larga vida a la revolución mundial, que liberará a todo el pueblo trabajador!